ENTREVISTA REALIZADA POR
CARMELO FERNÁNDEZ ALCALDE
Carmelo Fernández Alcalde es maestro, escritor y especialista en Literatura Infantil y Juvenil, director de la colección Andanzas y colaborador de la revista Platero, y entrevistó a Cañizo, con preguntas muy bien preparadas, interesantes y muy apetecibles de contestar a fondo, sin la brevedad que generalmente impera en la tele, la radio y la prensa.
Se publicó en el número monográfico dedicado a la obra de Cañizo, en noviembre de 2003, por la mencionada revista Platero, dirigida por un conocido experto en la materia: Juan José Lage Fernández.
Aquí ofrecemos una versión que incluye dos o tres preguntas con sus respuestas, que desbordaban el espacio de dicha revista. Se agradece a Lage y a Fernández Alcalde su amable colaboración.
1.- El abuelo Nicomedes, protagonista de Con la cabeza a pájaros, veía a través de los ojos del pájaro Marco Polo, viajando así de un lugar a otro sin moverse del sitio. A través de las páginas de un libro, ¿podemos viajar, sin movernos del sitio, a otros lugares o momentos, viendo por los ojos del autor? ¿Es la lectura un viaje?
Cañizo.- Desde luego. Casi todas las novelas son libros de viajes, que pueden ser a través del espacio, especialmente en los libros de aventuras, exploraciones, etc., o a través del tiempo, mostrando los cambios, la evolución, que experimentan las vidas de los personajes durante algunos días, meses o años. Cuando quien viaja es un niño o un joven, el viaje exterior se convierte también en un viaje iniciático, transformador, revelador, que le descubre -al mismo tiempo que el mundo en el que vive- su propio mundo interior, su personalidad, su yo, que se está forjando. Un ejemplo perfecto del equilibrio entre ambos viajes es La isla del tesoro. Ciñéndonos a ese capítulo final de Con la cabeza a pájaros, ese pájaro Marco Polo a través del cual veía el abuelo el mundo sin moverse de su sillón es, evidentemente, una forma comodísima de viajar, pero ese método no nos hace ninguna falta hoy día, al disponer de tantos documentales estupendos. Por tanto, el verdadero sentido de ese final del libro es el de invitar a los lectores a desarrollar su imaginación, que es uno de los mejores regalos que hemos recibido los seres humanos, y al que debemos cultivar y mimar, para disfrutar y descubrir muchas cosas interesantes y divertidas.
2.- ¿Consideras que la LIJ debe ser un género menor?
Cañizo.- A nadie se le ocurre decir que un pediatra es un médico de segunda división porque se dedique a los niños, y de hecho sabemos que es más difícil averiguar lo que le pasa a un chaval que lo que aqueja a un adulto. Y lo mismo digo de un psicólogo infantil, un pedagogo, etcétera, que son profesiones del más alto nivel. Análogamente, la Literatura Infantil y Juvenil hay que valorarla mucho. Apuntaré dos razones entre muchas: la primera, porque a cada escritor le resulta más fácil escribir para los que tienen aproximadamente su misma edad, ya que el vocabulario, la construcción y complejidad de las frases, las alusiones culturales, las referencias a hechos, ideas, ambientes, personajes, lugares, épocas, etcétera, y las reacciones psicológicas de los protagonistas, son habituales y resultan familiares para sus lectores, mientras que al escribir para niños y jóvenes hay que mantenerse, mientras dura la gestación del libro, dando continuamente no saltos mortales, pero sí "saltos mentales", en una perenne actitud de "traducción simultánea". Y la segunda razón consiste en que resulta dificilísimo que la lectura de un libro convierta en lector a un adulto que no lo sea ya, mientras que un buen libro infantil-juvenil es un auténtico vivero de nuevos lectores, y son ya muchos jóvenes y adultos de hoy los que me han dicho que se hicieron o se han hecho lectores gracias a algún libro mío, en los 23 años que llevo ya publicando, y lo mismo pasa con muchos otros autores de este género.
3.- Es fácil encontrar personas que, como don Cunegundo, protagonista de El comprador de vidas, vayan por la vida con prisas, estresadas, dedicadas únicamente a tener más dinero, poder... Viven tan agobiadas que nunca encuentran tiempo para escuchar a los demás, leer un libro, disfrutar de un paseo, estar de charla con los amigos o jugar un rato con los hijos... Como don Cunegundo, se olvidan de vivir. ¿Qué medicina deberían tomar las personas que padecen la enfermedad de las prisas para que se curaran? ¿O es una enfermedad incurable en las sociedades urbanas?
Cañizo.- A todo eso tan preocupante, que afecta a los adultos, y que lleva al protagonista de mi novela a "comprar" -y para ello pedir que le fabriquen y suministren esa vida que no ha podido vivir- se añade desde hace unos años otra manera de no vivir que afecta más a algunos niños y jóvenes, y que ya están estudiando educadores y psicólogos: la excesiva y obsesiva absorción en esa vida virtual que les ofrecen las pantallas del ordenador y de la vídeo-consola, con perjuicio del desarrollo de sus relaciones humanas y del vivir intensamente -y diversificadamente- sus vidas, cada cual en su etapa de edad. Modestamente, sugiero a padres y educadores unas medicinas útiles tanto contra el estrés y la sobrecarga de ocupaciones y preocupaciones como contra esa reducción a un solo tipo de ocio: el informático. Y esas medicinas no son los analgésicos, los antipiréticos y los antibióticos, claro, sino las aficiones, las inquietudes y los compromisos. Hay que volcarse en la bella y creativa tarea de animarles a descubrir esas gozosas medicinas, y a diversificarlas, pues conviene tener aficiones de interior -leer, oir música, ver películas, dibujar, modelar, coleccionar algo, hacer maquetas de barcos, o lo que sea-, aficiones de aire libre -excursionismo, deportes, escultismo, reforestaciones, y un largo etcétera-, y también inquietudes culturales, artísticas, sociales, ecológicas, medioambientales, políticas, religiosas y otro muy largo etcétera, para que, con el tiempo, vayan fructificando en compromisos concretos a medida que los chavales van madurando. Conozco muchas personas -empezando por la que tengo más cerca, que soy yo- que trabajamos muchísimo, sí; pero que también cultivamos a fondo, y muy gozosamente, la lectura, la música, el cine, las excursiones, las tertulias, la pertenencia a alguna ONG, o lo que a cada cual le motiva y realiza. La lectura, además, tiene una capacidad mágica que la hace diferente de las otras, y que consiste en que, así como es difícil que alguien que se vuelca en hacer deporte, o en repoblar montes con el colegio o con los scouts, o en cuidar a perros abandonados, etc., se aficione, como consecuencia de ello, a leer, la recíproca sí es frecuente, pues muchos aficionados a cualquier cosa concreta declaran que fue una novela (o, por supuesto, una película) la que despertó su interés y su afición por esa materia, o su compromiso con un determinado ideal, palabra que -por cierto- casi no se oye.
4.- En muchos casos, el utilitarismo impregna las relaciones familiares, profesionales y sociales. Tal vez por eso echamos fácilmente en el olvido a las personas más débiles, menos útiles, como los niños, los enfermos y los ancianos. No nos vendría mal que, de vez en cuando, tomáramos una buena dosis del elixir mágico del amor, inventado por Wistre, personaje de Con la música a otra parte. ¿Qué ingredientes debería tener ese elixir para que hubiera más solidaridad entre las personas, especialmente hacia las más indefensas?
Cañizo.- Esta pregunta tiene mucho que ver con lo que acabo de decir sobre la necesidad y conveniencia de tener ciertos compromisos de cara a los demás, que, en muchos casos, pueden plasmarse o resumirse en la palabra solidaridad. El problema de fondo, creo yo, es la actual crisis de valores, que preocupa ya enormemente a muchísimos padres y profesores, incluyendo a algunos de los que colaboraron entusiásticamente en la labor de derribar los que había, los cuales, por supuesto, que eran mejores o peores según cada sociedad y cada persona, por supuesto; pero que solían hacer referencia a nuestra actitud hacia los demás, de la cual muchos niños y jóvenes de ahora no oyen hablar nunca, y lo he constatado de cerca con bastantes, de diversos niveles sociales. y ahora se asustan -y lo he visto de cerca- cuando comprueban en qué erial ético y en qué falta total de referencias de conducta intentan orientarse sus hijos o sus alumnos, sin encontrar dónde agarrarse ni tener idea de lo que es un ideal. Cada vez más pensadores libres, sensatos e independientes van denunciando ese gran disparate que ninguno haríamos en nuestra casa, y que consiste en socavar los cimientos y echar abajo el tejado, sin sustituirlos por nada, más que por aire, aunque sea un aire aparentemente brillante, deslumbrante y cruzado por ágiles reflectores de rayos láser de colorines; pero solo en cuanto a las apariencias. Todos nos estamos dando cuenta de que hemos conquistado el espacio pero no nuestro espacio interior, el de las relaciones entre las personas, el de la afectividad y la solidaridad; de que nos comunicamos mediante Internet fácil e instantáneamente incluso con nuestros antípodas, pero nos importa un comino el que tenemos al lado; y de que cada vez vemos más gente que establece con los demás, sistemáticamente, relaciones de agresividad y de intolerancia y no de cordialidad y convivencia, más relaciones de desamor que de amor, etc. Afortunadamente, hay muchos colectivos que van reaccionando, y más personas con vida interior que se van salvando; pero, yendo a coloquios sobre mis libros en muchos colegios, institutos y bibliotecas, charlando con los chicos y chicas, y cambiando luego impresiones con los profesores, muchas veces da pena ver cómo chavales que podían ser estupendos se encuentran sumidos en un ambiente general desmoralizador y desmotivador, que tira y tira de ellos hacia abajo y no hacia arriba. Muchos padres han dimitido, muchos maestros han dimitido, y, puesto que no soy un mago como el de mi libro Con la música a otra parte, no se me ocurre otro elixir mágico que el tratar, entre todos, escritores, educadores, editores, bibliotecarios, gentes de la cultura, etc., de sacudir las mentes y sembrar inquietudes, y criticar y ridiculizar esa irresponsable mediocridad de tanta literatura estúpida, tanto cine estúpido y tanta televisión basura, cuyo único elixir es el de la comercialización, el consumismo y el negociazo a costa de rebajar al público al que dicen servir y divertir.
5.- En Una vida de película, te muestras como un gran conocedor y amante del cine, además de hacer un homenaje a algunos de tus directores y actores preferidos. ¿Piensas que el cine, la televisión, el vídeo, son una amenaza para la lectura o, por el contrario, se refuerzan mutuamente?
Cañizo.- Efectivamente, soy un cinéfilo empedernido, pues no en vano estudié Dirección Cinematográfica en la Escuela Oficial de Cine de Madrid, al mismo tiempo que Ingeniería Agronómica, y tuve el placer de ser alumno de Berlanga, Saura, Borau, etc. Por tanto, no puedo pensar que el cine sea una amenaza para la lectura, sino que los malos libros, las malas películas, la televisión basura -que inunda buena parte de las mejores horas de emisión- son una plaga y un desastre para la sociedad, y embotan el gusto del público, envilecen su paladar, tironean de su espíritu hacia abajo en vez de intentar tirar de él cada vez un poquito más arriba. Esto último sólo lo consiguen los que escapan a esa maldición y se alimentan con la buena literatura, el buen cine y la buena televisión, pues también hay programas muy buenos.
Hay que meterles en la cabeza a los chavales que no se limiten a llegar a casa, encender la tele y tragarse lo que pongan, sea lo que sea, sino que deben ir aprendiendo paulatinamente a seleccionar lo mejor que les ofrecen todos esos medios tan potentes con los que hoy se cuenta.
Una demostración palpable de que la típica excusa de que hay que dar al público lo que pide no solamente es infame y canallesca sino que también es falsa, la podemos ver todos los sábados en El Conciertazo, estupendo programa que no se ha creado porque lo haya pedido el público, sino porque Fernando Argenta y los demás responsables del mismo han decidido hacer lo contrario de lo que muchos de sus compañeros se empeñan, vilmente, en hacer a diario.
En la época de Pilar Miró, la televisión pública puso bastantes óperas, y gracias a eso surgieron muchas aficiones, y lo mismo ocurrió con las numerosas obras de teatro que han salido a la pantalla en las distintas etapas de TVE. Obviamente, no eran programas para millones de espectadores, como se empeñan obsesivamente en hacer ahora; pero intentaban -y conseguían- mejorar el paladar del público, cultivar su buen gusto, elevarle en vez de hundirle en la mediocridad y la bazofia.
En la actualidad, ir pasando cadenas al azar es todo un ejercicio de masoquismo, es como ir recibiendo bofetones o paletadas de estiércol en pleno rostro. La carrera en pos de más y más millones de telespectadores, y la contraprogramación febril, hacen que el listón de la calidad baje continuamente, hasta llegar al nivel de lo deleznable. Si nuestras autoridades deportivas se empeñasen en que el participar en salto de altura en las Olimpiadas estuviese al alcance de millones de españoles, tendrían que situar el listón a medio metro del suelo, y eso es lo que están haciendo nuestras autoridades televisivas, como consecuencia de lo cual "disfrutamos" de muy diversos programas a nivel no ya del suelo sino incluso del fango.
La amenaza que realmente me preocupa no es, pues, la de lo audiovisual contra lo literario, sino la del mal gusto y el mercantilismo absolutamente inmoral contra los cerebros de los telespectadores más indefensos, menos preparados cultural e intelectualmente, lo cual es suicida. Hace varias décadas nos reíamos del bajo nivel de los lacrimógenos y melodramáticos seriales radiofónicos; pero ahora los programas a los que aludo llegan a un porcentaje mucho mayor de la población, y son seguidos masivamente, entre otros colectivos sociales, por los estudiantes, que entonces éramos los que más nos reíamos de aquellos bodrios.
6.- Cómo influye la literatura en el cine y viceversa? ¿Utiliza la novela un lenguaje cada vez más cinematográfico?
Cañizo.- Las recíprocas influencias entre cine y literatura son obvias, sobre todo a partir del gran cine de los años cuarenta y cincuenta, con un lenguaje propio y plenamente artístico y expresivo, ya cuajado y maduro. Hoy día ya no podemos escribir sustrayéndonos a la influencia de la forma de narrar cinematográfica. Mis lectores, por ejemplo, me comentan con frecuencia que van visualizando mis historias como si estuviesen viendo una película, lo cual se debe, evidentemente, a mi condición de cinéfilo, y es compatible con un tratamiento por completo literario del humor, la poesía, etc.
7.- En El castillo invisible escribes: "qué placer el del escritor que se mete en otros personajes! Y qué sufrimiento. Y cuánto esfuerzo..." ¿Es verdad eso?
Cañizo.- La coexistencia, en el acto de escribir, del placer y el esfuerzo, y en ocasiones incluso el sufrimiento, cuando el fluir del relato se nos atranca o un pasaje no alcanza la calidad e intensidad que esperábamos, creo que se refleja muy bien en aquella frase del excelente autor leonés de relatos breves Antonio Pereira: "A mí no me gusta escribir, lo que me gusta es haber escrito". Sólo los muy vanidosos se quedan encantados con todo lo que va saliendo de su pluma o de su teclado de ordenador.
8.- En la novela que acabo de mencionar pones en boca de Pepe, el maestro protagonista, la siguiente frase: "cada escritor en sus libros, va sacando a la luz lo que lleva en lo más hondo: sus aficiones, sus inquietudes..." Y detrás del enigmático escritor J. A. Equis, que reproduce las iniciales de tu nombre, indudablemente se esconde J. A. del Cañizo. Cuando escribes, ¿es posible prescindir de uno mismo? ¿El escritor va dejando necesariamente trozos de su vida entre las páginas de los libros que escribe, o se podría afirmar que es sólo ficción, que el autor y su obra son caminos paralelos?
Cañizo.- Toda novela, todo relato, refleja la personalidad de su autor, y la prueba está en que acabamos conociendo a nuestros escritores favoritos mejor que a muchas personas a las que tratamos frecuentemente. Pero eso no quiere decir que sus novelas sean autobiográficas, es decir, que le hayan sucedido al autor. Cada libro es como una batidora en la cual se han mezclado todos los avatares inventados por el autor con sus vivencias, su carácter, sus recuerdos, sus sueños, sus añoranzas, y, sobre todo, sus insatisfacciones o sus disconformidades.
De mis 16 libros de LIJ sólo son autobiográficas las escenas de Canalla, traidor, morirás! en las cuales su protagonista hace sus deberes de verano, pone verde a Shakespeare en una redacción, y chuta la piedra en la que ha escrito las tres palabras del título, colocándola ante la puerta del gallinero del alcalde del pueblo (que en la realidad era el secretario del Ayuntamiento, y le he ascendido para compensarle un poco de lo que le hice pasar en la realidad de mi infancia-adolescencia y en mi premiado libro. Pero en los 16 palpitan, sin que yo me lo haya propuesto conscientemente, mis inquietudes, aficiones y creencias, casi todo lo que de verdad me importa, pero envuelto en aventuras a menudo disparatadas y llenas de imaginación y de bromas literarias.
El misterioso autor J. A. Equis sólo se parece a mí en las iniciales J. A. y en que participé muy activamente en aquella gran Semana del Libro Infantil y Juvenil que me inspiró el libro (al igual que en muchas otras); pero hay que despejar la equis, pues mi vida y mi personalidad no son nada enigmáticas ni misteriosas, al contrario que las de mi protagonista. Tampoco Pepe, el magnífico maestro de mi libro, es un calco de mi querido y admirado amigo José García Guerrero (una de las personas que más han hecho y hacen por la LIJ y por las bibliotecas escolares en nuestro país), aunque el personaje de ficción esté decididamente inspirado en él, que por ello aparece en la dedicatoria del libro.
9.- Tu literatura la defines como "Fantasía comprometida". ¿Qué quieres expresar con esas dos palabras?
Cañizo.- Yo creo que la LIJ actual no debe dar la espalda a ninguno de los problemas del mundo de hoy; pero también que ello no obliga a escribir en la línea del realismo crítico. La fantasía puede ser un espléndido revulsivo, y ahí está lo mejor de la Ciencia Ficción para demostrarlo, pues, sin renunciar a la más desbordante fantasía, ha reflexionado hondamente sobre la sociedad actual. Yo suelo tratar temas propios de la literatura realista con el estilo y los recursos de la fantástica, y a eso le llamo la "fantasía comprometida".
10.- En el prólogo de Oposiciones a bruja y otros cuentos, escribes que desde niño te encantaba leer, que devorabas los libros. Esa pasión por la lectura se manifiesta en varios de tus libros. En España, según las estadísticas, se lee muy poco. ¿Cuáles pueden ser las causas de ese hecho? ¿Qué habría que hacer para despertar el apetito lector entre los jóvenes?
Cañizo.- Efectivamente, tanto en España como en otros países de mayor tradición cultural, o con mayor porcentaje de población culta, los hábitos de lectura están estancados, cosa nada rara, dada la proliferación de otras formas de entretenimiento y también de adquisición de conocimientos. Conozco jóvenes profesionales iletrados, ingenieros que no leen, peritos que no leen, biólogos que no leen, incluso horror!, periodistas y maestros que no leen, que ya es el colmo. Y casi todos ellos tienen un nivel cultural bajo o mediano, aunque sean eficaces en su especialidad. Y también conozco jóvenes cultos pero no librescos, porque desde la adolescencia se han acostumbrado a obtener toda la información en Internet y no en los libros, como hemos hecho nosotros toda la vida.
Yo creo que los que amamos los libros tenemos que comprender que es natural que cada vez haya más gente de cultura no libresca, al igual que muchos grandes lectores son negados para la música o la pintura, o menosprecian el cine por considerarlo un arte menor. Y no pasa nada, no hay que entristecerse por ello. Bromeando un poco diré que yo conozco personas, muy valoradas por mí, a las que veo, con un estremecimiento, comer un chuletón con coca-cola o una pierna de cordero asada con Fanta, y no se me ocurre derramar no ya una lágrima, sino ni siquiera una gota de Rioja o de Rivera del Duero por ellas, pese a verlas tan alejados de la "verdad". De la misma manera, no tenemos que ser puristas y considerar que la "verdad" sólo está en los libros y la literatura, aunque eso sea lo que más nos guste a nosotros.
En cuanto a lo de despertar el apetito lector de los jóvenes, hay que ser optimistas, pero no ilusos. La afición a la lectura nunca ha sido ni será mayoritaria; pero hoy día se está haciendo mucho más por ella que nunca. Maestros, padres, bibliotecarios, escritores, editoriales, entes públicos, etc.; se están moviendo más que nunca en pro del libro y de la lectura. En Andalucía, que es donde yo me muevo más, hay un auténtico hervidero con el Centro Andaluz de las Letras, el Pacto Andaluz por el Libro, el Circuito Literario Andaluz, el Pacto Andaluz por el Fomento de la Lectura, los Centros de Profesores, las bibliotecas públicas con sus bibliotecarios frecuentemente heroicos, y montones de profesores ilusionadísimos con esta gran labor cultural. Pero hay que hacer como el agricultor que se vuelca todo lo posible para que su cosecha sea buena; pero sabe de antemano que una buena cosecha puede ser de equis toneladas de frutos, y no sueña con conseguir diez veces más, ni se debe sentir frustrado por no batir ese récord. (Ya salió mi faceta de doctor ingeniero agrónomo).
Lo que tenemos que hacer todos los implicados es unir nuestras fuerzas y volcarnos con entusiasmo y eficacia en la noble tarea de la animación a la lectura.
11.- El protagonista-narrador de Canalla, traidor, morirás! es un chico muy aficionado a la lectura. Lee de todo: novelas del FBI, El Coyote, Shakespeare, Cervantes, El Guerrero del Antifaz, Roberto Alcázar y Pedrín... Desde niño, tú también has sido un entusiasta lector. ¿Qué autores han influido más en tu labor de escritor? ¿Qué novelas consideras imprescindibles?
Cañizo.- Yo como de todo. Los especialistas en dietética nos aconsejan una dieta sana y equilibrada, con carne, verduras, pescado, fruta y de todo en general, y yo disfruto lo mismo con un "novelón" de Vargas Llosa, García Márquez, Delibes, Tolstoi, Henry James, Stendhal y otros de los grandes, que manteniéndome al día con lo que van publicando Javier Marías, Juan Marsé y muchos más, o releyendo El Quijote (que gusta más con la relectura y con la madurez), y también La isla del tesoro (que se puede releer con gran placer en cada década de la vida), o entreteniéndome con las intrigas de Simenon o el humor de Wodehouse, o estando al tanto de los nuevos escritores que van destacando en nuestro país o en otros.
Indudablemente, algunas de esas lecturas -y también algunas películas- me habrán influido como escritor; pero no sabría dar nombres o títulos concretos, porque cualquier posible influencia pasa por la ya mencionada batidora de la propia personalidad, forjada en buena parte por la lectura.
En cuanto a los libros que pudiéramos considerar como imprescindibles, cualquier lista sería larga y además personal e intransferible; pero coincido bastante con el contenido del conocido y recomendable libro de Harold Bloom titulado Cómo leer y por qué, el cual rezuma un entusiasmo contagioso, nos reafirma en la altísima valoración de algunos de nuestros libros favoritos, y nos descubre otros que pueden llegar a serlo.
12.- Con frecuencia denuncias las continuas agresiones que sufre la naturaleza a manos del hombre, debido al desarrollo urbano, tecnológico... Todavía estamos padeciendo las consecuencias del hundimiento del petrolero Prestige. ¿Es posible conciliar el desarrollo científico-técnico y el respeto a la naturaleza?
Cañizo.- Se podría conciliar; pero ese ideal, factible si nos pusiésemos todos manos a la obra, y obviamente urgentísimo e imprescindible para la supervivencia del planeta y de la humanidad, choca continuamente con poderosísimos intereses económicos que lo malogran, adulteran y tergiversan todo. Frente a ello, solo se puede esgrimir una creciente y paciente labor de sensibilización medioambiental de los adultos y de educación medioambiental de los niños, a los cuales hay que explicarles que su generación pagará el pato de todos los desmanes hechos por las anteriores, salvo que se espabilen y se comporten de manera muy distinta a la de sus padres y abuelos, que no han visto -o no hemos visto- tan manifiestamente esa amenaza hasta hace muy pocas décadas.
Vuelvo a mostrarme optimista y esperanzado cuando echo la vista atrás y compruebo que, a lo largo de las tres últimas décadas aproximadamente, la proporción de gente ecológicamente sensibilizada ha aumentado a todo ritmo, pues entonces los raros éramos los que nos interesábamos e inquietábamos por lo que nos advertían el Club de Roma, el Instituto de Tecnología de Massachussets, la Conferencia de Estocolmo sobre el Medio Ambiente de 1972, y entidades como Friends of the Earth, World Wildlife Found, Greenpeace, y un largo etcétera, mientras que ahora los raros son los que se muestran indiferentes a esta ya tan global y generalizada y divulgada preocupación por todos estos temas.
Como tengo la manía de ir apuntando todos los libros que voy leyendo, echo un vistazo a mi cuaderno y veo que en los años 1972-73 leí unos 80 libros sobre esas cuestiones, todos ellos acabados de publicar, lo cual puede dar una idea del despertar y de la concienciación que aquella oleada de llamadas de atención supuso para nosotros. Pero desde que se inicia esa siembra hasta que esas ideas se meten en miles de millones de cabezas pasa mucho tiempo, y lo peor es que las cabezas de buena parte de los poderosos (o, mejor dicho, de la peor parte de ese omnipotente colectivo) están impermeabilizadas respecto a esa benéfica lluvia de ideas salvadoras que hoy cae, desde muchos medios de expresión, sobre todos los que quieran oírlas.
¿Y qué puede hacer cada uno de nosotros? Aportar su granito de arena de la forma en que cada cual pueda, aunque sea a una escala tan modesta como la mía, que solo consiste en dejar que se cuelen en casi todos mis libros para niños y jóvenes esas inquietudes y esas llamadas de alerta, desde hace ya 23 años, puesto que publiqué el primero en 1980. En 1984, una respetada especialista en este género literario, Aurora Díaz Plaja, escribió en una reseña sobre mi libro El maestro y el robot que "Cañizo hace más labor en pro de la ecología desde este relato de Ciencia Ficción que con toda una planificación sobre el medio ambiente que pueda hacerse desde puestos más altos". Y respecto a muchos otros de mis 16 libros para niños y jóvenes han recalcado los comentaristas cómo palpitan en sus páginas mensajes "de ecología, de amor a la vida, a la naturaleza, a los hombres". Y, en cuanto a mis 9 libros sobre Jardinería y flora ornamental, es evidente que mi invitación y mi incitación a amar la naturaleza es lo que más perciben mis numerosos lectores.
13.- En tus libros predominan la aventura, las historias disparatadas, el humor... ¿Consideras que es importante que los jóvenes se lo pasen bien cuando leen, que les atrape la historia, o es suficiente con que el libro esté bien escrito?
Cañizo.- Cuando los niños me dicen: "Su libro está muy bien escrito" yo siempre hago una traducción simultánea bastante libre, pues creo que, en realidad, no quieren decir que tenga una gran corrección léxica y sintáctica y un hermoso estilo literario de gran calidad, sino que "Su libro es muy divertido, me lo he pasado muy bien leyéndolo, al acabar cada capítulo pasaba muy interesado al siguiente, y al acabar me he animado a seguir leyendo más libros". He hablado con maestros sobre este asunto, y me aseguran que algunos libros para niños muy bellos estilísticamente, y celebrados por esa razón por algunos críticos, aburren tremendamente a los chavales. Y lo prioritario es que disfruten con la lectura, se lo pasen estupendamente, y se aficionen más y más a leer, y después cada uno llegará a degustar en mayor o menor medida la belleza del estilo literario. Pero este razonamiento no impide que yo salpique aquí y allá, a lo largo de cada libro, algunas frases más poéticas y más literarias que el resto del relato en general; pero siempre con la belleza de la sencillez, y sin abusar nunca.
14.- Un león hasta en la sopa, dirigido a los alumnos del ciclo medio de Primaria, es un libro que pretende estimular la lectura en la escuela. Los maestros tienen un papel en la importante tarea de favorecer entre sus alumnos el interés por los libros. Tú recuerdas con agradecimiento a tu profesora de Lengua y Literatura, Carmen García del Diestro, que contribuyó a tu pasión por los libros. ¿Qué cualidades deberían tener los maestros y profesores para lograr este fin?
Cañizo.- Amor a los libros, vocación, entusiasmo, entrega, ilusión y salero.
15.- En las páginas de Inventando el mundo te preguntas si Dios, cuando inventó el mundo, le salió todo a la primera. Cuando escribes una novela, ¿te sale a la primera o, por el contrario, tienes que hacer muchos borradores hasta acabarla definitivamente? ¿La tarea de escribir resulta fácil?
Cañizo.- Hay días - o bien horas- en que la escritura fluye de maravilla y resulta muy fácil, y otras ocasiones en que uno se atasca, se paraliza, y lo pasa fatal. Yo creo que en miles de cajones de todo el mundo habrá más novelas inacabadas que las que hay publicadas, y que a casi nadie le saldrán a la primera. Algún gran escritor dijo que "Publicamos para no seguir corrigiendo eternamente nuestros originales". Mi principal problema, generalmente, consiste en podar, pues me suele salir un texto más amplio que el que yo veo como deseable, y voy recortando una escena aquí, un párrafo allá, etc. Un gran narrador y constructor de argumentos que apasionaron y apasionan al público, Alfred Hitchcock, podaba sin piedad todo aquello que le parecían baches en el fluir de la película y en la captación del interés de los espectadores, aunque consideradas por sí mismas fuesen buenas escenas. Y Schikaneder, el empresario teatral que le encargó a Mozart La flauta mágica y que escribió el libreto, le animaba a cortar algunas escenas no tan brillantes como el resto de aquella obra cumbre, diciéndole aquello tan gracioso de "Escena cortada jamás será silbada". Y yo también sé muy bien, tras cuarenta años trabajando en Jardinería, que el añadir un árbol a un jardín no siempre mejora al jardín, aunque se trate de un bonito árbol.
16.- En El maestro y el robot, el viejo Nicomedes simboliza el maestro que ayuda a sus alumnos a descubrir lo que encierra la naturaleza, a despertar el interés por la lectura, llenando de historias apasionadas sus cabezas, y que estimula la imaginación... El robot, por el contrario, simboliza todo lo contrario: una enseñanza muerta, que masifica, pero que utiliza unos medios técnicos ultramodernos. Como en la escuela del pueblo donde transcurre la historia, ahora los maestros cuentan con muchos medios: vídeo, internet, ordenadores... ¿Con tantos medios, los maestros tienen el peligro de actuar como el robot? ¿Pueden esos medios acabar por relegar la labor del maestro a un segundo plano?
Cañizo.- No, sólo hay que saber usarlos. El profesor manipulador manipulaba en la vieja escuela sin más que la palabra y la pizarra, y ahora lo hace con todos esos medios a su alcance. El gran maestro, el vocacional, el entregado, sabrá enriquecer su enseñanza sacando el máximo partido de esos medios, con inteligencia. Y el mero funcionario adocenado, pasota y rutinario, puede que, al menos, resulte algo más soportable para los chavales si utiliza esos medios que tanto les gustan a ellos.
17.- Cuando eras niño, a ti y a tus hermanos, vuestro padre, José del Cañizo y Gómez, os hacía esta pregunta: "¿Queréis que os cuente un cuento de la abuela Pepa?". La abuela Pepa era una señora sevillana que sabía muchos cuentos populares, recogidos sin duda a su vez de labios de sus padres o abuelos. Luego, siguiendo la tradición familiar, también has inventado cuentos para contárselos a tus hijos. ¿Te impulsó a escribir el deseo de poner por escrito los cuentos que oías contar a tu padre y los que inventabas para contárselos a tus hijos? ¿Qué importancia tiene la tradición oral, contar cuentos a los hijos, en el ámbito familiar?
Cañizo.- Yo empecé inventando mis propias historias, y ocho años después de la aparición en 1980 de mi primer libro para niños y jóvenes, y tras publicar varios otros, se me ocurrió escribir varios de los cuentos que oí a mi padre, y los publiqué en 1988 con el título de Calavera de borrico y otros cuentos populares. Contar cuentos a los niños, con la sola voz o bien hojeando con ellos libros ilustrados y contándoles o leyéndoles sus textos, que todavía no pueden leer, me parece absolutamente decisivo para que más adelante se aficionen mucho a leer, ya que esto responde al deseo de que a uno le cuenten buenas historias, entretenidas, emocionantes, intrigantes, graciosas, disparatadas, etc. Además, ese rato en que están ya en la cama y remolonean antes de dormir es delicioso cuando se adorna contando cuentos, y es de las cosas que más unen a las distintas generaciones que vivan en una casa. Y el maestro o la maestra que cuenten o lean cuentos dejarán una huella en sus alumnos mucho más entrañable y humana que los que no lo hacen.
18.- Desde 1978, año en que publicaste tu primer libro de LIJ, han transcurrido veinticinco años. Sin embargo, si se compara tu producción literaria con la de otros escritores, no es muy abundante. ¿Eres un escritor lento? ¿O tal vez trabajas a media jornada, compaginando la tarea de escribir con otras responsabilidades?
Cañizo.- En realidad ese primer libro, como queda dicho, apareció en 1980, aunque recibió el accésit al Premio Nacional de Literatura Infantil y Juvenil del Ministerio de Cultura correspondiente a 1978, como dices. Llevo, pues, publicados 16 títulos en 23 años; pero hay que añadir mis 9 libros de Jardinería, algunos de ellos gordísimos, con hasta 700 páginas y 700 fotos, y todo mi ejercicio profesional como doctor ingeniero agrónomo, con ocho o nueve horas diarias de trabajo. Pero disfruto muchísimo con ambas actividades, y estoy convencido de que el ocuparse de asuntos muy diversos contribuye bastante a la felicidad, pues le aleja a uno de toda posibilidad de rutina o de aburrimiento. Yo no he conseguido aburrirme ni una sola hora en toda mi vida, jamás he pronunciado las palabras "Me aburro". Y cada una de las dos facetas me sirve para descansar de la otra. Todo ello es una suerte grandísima y un verdadero privilegio, en una sociedad en la que abundan tanto los trabajos rutinarios y nada creativos. Para mí, cada trabajo que me surge, cada libro que empiezo, cada nueva conferencia que preparo, es un nuevo desafío la mar de apetecible, y lo empiezo frotándome las manos por lo mucho que me voy a divertir haciéndolo.
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