Picasso único - Juicio a un genio en rebeldía

 

Libro de Juan Maldonado Eloy-García, con prólogo de José Antonio del Cañizo.

 

(Publicado por Editorial Arguval, C/ Héroe de Sostoa, 122, 29002 Málaga. Teléfono: 952 31 87 84, E-mail: editorial@arguval.com).

 

El año 2003 ha sido -¡por fin!- el “año Picasso” en la capital malagueña, pues los Reyes de España inauguraron el Museo Picasso Málaga, que debemos agradecer a la generosidad de Christine y Bernard Ruiz-Picasso, nuera y nieto del artista, y al buen hacer profesional de la gran especialista en la materia Carmen Giménez, además de al empuje de las entidades públicas que lo han sacado adelante, a las que hay que felicitar efusivamente por el éxito obtenido, que pocos meses después se palpa en Málaga esplendorosamente.

 

Por las mismas fechas de la inauguración vio la luz este estupendo libro de Juan Maldonado Eloy-García, ameno, entretenido y a la vez profundo y agudo, bellamente ilustrado y editado, y que iniciará y aficionará a los que no lo estén, y enriquecerá sus conocimientos y su visión de la obra picassiana a quienes ya la tengan formada.

Incluyo a continuación el prólogo que escribí para este importante y atractivo libro y la introducción del propio autor.


P R Ó L O G O

por José Antonio del Cañizo

 

 

Ese filón inagotable que encierran las treinta mil obras en las que fructificó la revolucionaria personalidad de Pablo Ruiz Picasso, y aquella trepidante sucesión, a todo ritmo, de cargas explosivas que fue haciendo estallar tan gozoso y creativo activista del mundo del arte, a lo largo del siglo más agitado e innovador de la historia de la pintura, han dado lugar a la aparición de innumerables libros.

 

Ellos nos permiten ver y admirar muchísimas obras que no están expuestas al público o se hallan dispersas en múltiples museos muy lejanos, hacen que conozcamos mejor su vida y su obra, y nos ayudan a comprender mejor lo que Henri Georges Clouzot llamó El misterio Picasso, al titular la película en la que el artista iba pintando en directo para los espectadores, gracias a una pantalla transparente.

 

Tengo en mi biblioteca, y he leído y contemplado con placer, bastantes libros sobre Picasso, y siento un afecto y un agradecimiento muy especiales por los dos gruesos tomos, cuajados de textos interesantes y de excelentes reproducciones, que sirvieron para anunciar y afianzar la creación del Museo Picasso de Málaga: Picasso clásico (de 1992) y Picasso. Primera mirada - Colección Christine Ruiz-Picasso (de 1994).

Ambos libros reflejaban sendas magníficas y prometedoras exposiciones de obras pertenecientes, en la primera, a varios herederos del pintor, y en la segunda íntegramente a la colección privada de Christine Ruiz-Picasso, viuda del hijo primogénito del pintor, llamado Paul o Paulo, y al que todos conocemos y queremos gracias al maravilloso cuadro que le representa de niño y vestido de arlequín. Tanto las exposiciones como los libros fueron dirigidos por la gran experta Carmen Giménez, que fue nombrada por la Fundación Museo Picasso de Málaga, en 1997, directora del proyecto para la creación de dicho importante museo.

 

Ahora que ese proyecto, gracias a las generosas donaciones de Christine y su hijo Bernard Ruiz-Picasso, es ya toda una espléndida realidad, colocaré en ese mismo anaquel lleno de libros picassianos, y en tan distinguida y agradable compañía, este nuevo libro sobre el genial malagueño, escrito por un paisano suyo que constituye un buen ejemplo de cómo se ha recibido en esta ciudad -y en el país en general- la creación de ese nuevo centro cultural de primera magnitud, el cual ha venido a formar, junto con el de Barcelona, una meca o un dúo de mecas de multitudinaria y entusiástica peregrinación artística (y también turística, pues ambos museos se hallan en lugares muy atractivos de sus respectivas ciudades).

 

Este libro se nos presenta con su propio estilo y su peculiar encanto personal, como obra que es de un hombre con una gran personalidad, una profunda humanidad y un amplísimo bagaje cultural, el cual ofrece a los lectores -tanto a los avezados ya en la temática picasiana como a los noveles deseosos de aprender y profundizar en ella- un atractivo y ameno retrato biográfico y artístico del protagonista.

 

En él entrelaza muy acertadamente los múltiples elementos de su vida, su época y su obra, montando ante nuestros ojos un retablo o escenario por el que desfilan animadamente muchos personajes interesantes, decisivos no solo para él sino también para la vida cultural del siglo XX.

Y va mostrando de manera fluida y clara cómo dejaron sus huellas, y hasta qué punto se fueron reflejando en su cambiante y siempre renovada obra, sus vivencias infantiles, las influencias recibidas de los que fueron sus maestros -empezando por su padre y por algunos pintores malagueños de fines del XIX-, y las debidas a la temprana y extasiada contemplación de algunas joyas de El Greco, de Velázquez o del románico catalán, más los amigos y compañeros de vida bohemia en Barcelona y en París, las mujeres de su vida, y los pintores y escritores con los que debatió sobre los nuevos caminos del arte que iban inventando sobre la marcha.

 

Pocas veces he visto una explicación tan sencilla y armonizada, y una trabazón tan acertada, de ese apasionante y complejo entrecruzarse e interfecundarse de los avatares vitales más íntimos de cualquier artista, y también de los acontecimientos políticos y bélicos de una época, con sus giros de timón estilísticos y la sucesión de sus períodos creativos, que en el caso concreto de Picasso fueron muchos y vertiginosos.

 

Juan Maldonado Eloy-García cuenta en la Introducción cómo el interés y la devoción por Picasso le viene desde niño, y por herencia y contagio de su padre. Y la prensa malagueña guarda testimonios de que fue pionero en proclamar su enorme satisfacción por el anuncio y la gestación del Museo Picasso de Málaga, y en solicitar la designación de Christine y Bernard como hijos adoptivos de la ciudad natal del pintor. Todo ello en la línea de una sabia corriente de savia que encabezó hace décadas ese distinguido caballero ilustrado que fue Juan Temboury Álvarez (¡si sería malagueño que hasta tenía apellido extranjero!), cuando actuó como ilusionado y eficaz pionero en el restablecimiento de relaciones cordiales entre un Picasso ya en la cúspide de la fama y el éxito absolutos y una Málaga que se había manifestado habitualmente, hasta entonces, como madre distante y displicente.

 

Y el interés y el saber de Juan Maldonado en temas artísticos es fruto también de otra herencia, pues es un notorio ejemplo de esa recia estirpe de médicos humanistas que unen a su hondo conocimiento del ser humano, y a su entrega vital a él y al estremecido entrechocar de su cuerpo y su mente, un apasionado amor a las artes y a la cultura como manifestaciones más altas y profundas del espíritu.

 

Con ese tan adecuado talante, y con una gran capacidad de síntesis, aborda la primera parte de este libro, en la cual sobrevolamos -en 16 breves capítulos- las sucesivas y siempre sorprendentes etapas artísticas de la larga vida de Picasso. Con ello, el lector adquiere -si no la tiene ya- una visión general que le hará disfrutar más de la segunda parte, formada por otros 35 capítulos de jugosa y amena lectura, y con títulos muy apetecibles. En ella se profundiza en todo lo que ya he resaltado sobre la relación entre su vida y su obra, indisolublemente unidas.

 

Encuentro especialmente interesantes los capítulos dedicados al Museo Picasso de Málaga y a los demás museos dedicados a él en España y Francia (18 y 48 a 50), y creo que tienen un especial encanto y están muy bien ambientados los relativos a su infancia, a su bohemia juventud y a sus primeras y trascendentales innovaciones en materia estilística (19 a 24). Los que nos hablan de sus amores y de las mujeres de su vida (25 y 26) resultan muy gratos y relajantes -y no solo para el pintor-, y los que lo retratan como dibujante, grabador, escultor, ceramista y escritor aportan mucho al libro.

 

Y alcanzan una especial altura, además de los dedicados a reflexionar sobre este artista concreto, aquellos otros en los que se ilumina con penetrantes focos a los artistas que influyeron en él o le acompañaron en la tarea de ir moldeando y renovando el arte. Son los capítulos 41 y 46, y por ellos desfilan Cezanne, Gauguin, Seurat, Toulouse-Lautrec, el Aduanero Rousseau, Matisse, Iturrino, Gris, Braque, Dalí, Miró, Vázquez Díaz, Mondrian, Kandinsky, Vlaminck, Klee y otros, acompañados por escritores como Guillaume Apollinaire, Max Jacob, Jean Cocteau o Camilo José Cela.

 

Con todo ello, este libro se eleva a retrato artístico y humano de un artista genial y de todo un convulso, agitado y deslumbrante siglo.

 

Vamos a disfrutarlo.

 


INTRODUCCIÓN

por Juan Maldonado Eloy-García, autor del libro

 

 

El tiempo sabe mucho del claroscuro y de las sombras. Se cuela, igual que hace la noche, entre los pliegues de la memoria y va difuminando sus aristas hasta lograr alivio para los dolores y lejanía para las más grandes pasiones.

Pablo Ruiz Picasso, treinta años después de su muerte, parece ignorar estas afirmaciones. Siempre próximo no envejece, y con todas sus edades al mismo tiempo, se mantiene vivo entre nosotros. Él tiene, permanentemente dispuestas, una respuesta para cada pregunta y una pintura adecuada para cada persona y para cada circunstancia de la vida.

Produce asombro si se piensa que de ningún otro artista se ha escrito tanto en la historia de la humanidad y que nadie en el mundo ha dejado un legado de obras tan amplio como el suyo. Por una razón u otra, el interés por él ni decrece ni decepciona.

Al final de la primera guerra mundial, mi padre, muy joven entonces, vivió en París. Muchos años después, siendo yo niño, él me relataba sus aventuras, y algunas escenas se fijaron más intensamente en mi memoria: en la casa donde se alojó las ventanas daban sobre el cementerio de Montparnasse, y en aquel edificio según me contaba, había vivido anteriormente su paisano Picasso. Por lo que luego he leído, probablemente era en la rue Schoeleher. Recuerdo que mi padre me refirió que veía pasear ¿a caballo? al pintor por los Jardines de Luxemburgo, pero aquí ya se confunde mi memoria.

Esta sencilla historia es la razón primera de mi interés por el genial malagueño, que me ha llevado, a lo largo de cincuenta años, a leer y a admirar cuanto encontraba sobre él en los museos, guardando recortes de prensa y acumulando libros con reproducciones y estudios de sus obras.

Aquel niño que marchó de Málaga llevaba ya el germen de la genialidad pero también tenía el espíritu de la bravura, la voluntad, que es la otra marca de su personalidad. Durante más de noventa años asumió su destino y fue siempre fiel a una bandera, su enseña era la libertad. Él luchó siempre por su propia libertad y se atrevió a romper todas las cadenas del arte y de la sociedad, cuando creyó oportuno hacerlo.

Una vez que se penetra en su mundo es más difícil alejarse de él. Sus treinta mil obras nunca se conocen del todo y su figura humana, su ser y su pensar, es un pozo sin fondo. Este libro encierra un intento de acercamiento riguroso para lograr conocerlo. No hay que olvidar que son miles, digo bien, miles los ensayistas y críticos que han escrito sobre él.

He dividido el trabajo en dos partes. En la primera he procurado ordenar –en 16 capítulos– la serie de períodos o épocas en los que sus estilos artísticos son clasificables. Ciertamente que en algunos períodos los criterios de muchos biógrafos coinciden, pero existen otras épocas, que o bien no son contempladas o reciben diferentes tratamientos. Por ello he intentado reunir conceptos y terminologías para alcanzar una visión homogénea, atreviéndome a una difícil división en seis apartados de cada uno de esos capítulos iniciales.

La segunda parte del libro es más relajada y fácil de leer, pues nos aproximamos al hombre desde todos los ángulos imaginables. El individual, el familiar, el de sus amigos y amores en unos capítulos, mientras otros nos muestran el tiempo y las circunstancias en que vivió, los artistas que le precedieron, los que se acercaron a su caminar y los que fueron sus discípulos. También se contemplan movimientos y escuelas de entonces, mediante los que llegamos hasta sus grandes obras pictóricas, e igualmente, capítulo a capítulo, admiramos al dibujante, al escultor, al grabador, al ceramista, al fotógrafo y cineasta, incluso al escritor y al poeta que encerraba en un pequeño cuerpo al más grande genio del siglo XX.

Algunos capítulos se ocupan de sus relaciones con la ciudad que le vio nacer y de los lugares donde transcurrió su vida, precisamente donde hoy se encuentran los museos que guardan sus obras. Finalmente, intentando no perder la objetividad, dejamos hablar a muchos de los que se han atrevido a juzgar, para bien o para mal, a este hombre irrepetible.

 

 

 

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