Latín: Quercus ilex
Familia: Fagáceas
Origen: Región mediterránea
Antaño España entera estaba tan llena de bosques autóctonos que se decía que una ardilla -supongo que debidamente entrenada- podía cruzarla saltando de encina en encina; pero ello no debe llenarnos de nostalgia ni hacernos pensar que cualquier tiempo pasado fue mejor, pues muy pronto podremos proclamar con orgullo que una ardilla -debidamente elegida en un concurso televisivo entre numerosas aspirantes- podrá cruzar España saltando de nuevo centro comercial recientemente inaugurado en nuevo centro comercial recientemente inaugurado. ¡Y menuda diferencia! En el Parque de Málaga hay una encina grande junto a la acera de Cortina del Muelle, muy cerca del monumento al Comandante Benítez, y el Ayuntamiento ha plantado recientemente otras muy jovencillas ante el Mercado de Atarazanas. Esta especie es de lo más autóctona; pero no es endémica, es decir, que es española de pura cepa pero no en exclusiva, ya que es la especie fundamental de los bosques de toda la cuenca mediterránea. (El pinsapo, en cambio, es endémico, porque es nuestro y solo nuestro). La encina ofrece a los nativos, desde tiempo inmemorial, su madera para hacer ruedas de carros y aperos de labranza, su leña para hacer carbón, los taninos de su corteza para curtir cueros y sus bellotas para alimentar a los cerdos. Además de esos usos principales, quizás pueda interesarle también al lector un subproducto secundario del encinar que se llama algo así como jamón de Jabugo.
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