ARTÍCULOS DE 2005 SOBRE ÁRBOLES, PALMERAS Y OTRAS PLANTAS
ALERGIAS Y TOXICIDADES
Hay bastantes plantas tóxicas y alergénicas entre las ornamentales, y aunque no debemos ser alarmistas sí conviene aconsejar que si algún usuario de un jardín privado empieza a padecer asma, rinitis, erupciones cutáneas, etc., acuda al alergólogo con la correspondiente lista de especies, y que en las vías y zonas verdes públicas se prescinda de las potencialmente peligrosas, por el bien de un cierto porcentaje de ciudadanos.
Como los pólenes arreciarán durante las próximas semanas, hoy hablaré un poco en general, y otro sábado recogeré la opinión de una autoridad médica respecto a las especies más problemáticas en Málaga.
Las sensibilidades varían enormemente. Yo, por ejemplo, siempre he sido proclive a molestias respiratorias producidas por algunas especies; pero muchísimos otros profesionales de la jardinería no han sentido jamás ni la más mínima molestia. En cambio, cualquier persona sensible que ni siquiera sepa que existen plantas alergénicas puede pasarlas moradas simplemente por vivir en tal calle, jugar habitualmente en tal parque, ir a tal colegio o tener ante la ventana de su dormitorio tal planta.
Hace mucho tiempo vino a mi despacho del Edificio Múltiple de Málaga un padre de familia cuyo hijo se ponía fatal cuando pasaban el fin de semana en su pueblo, y le dije que si allí tenía cerca algunas plantas me trajese muestras para poder llevarle al alergólogo una lista de “posibles sospechosas”. Dijo que sus balcones daban a una calle con dos largas filas de árboles iguales, y al lunes siguiente se abrió la puerta, asomó una rama con hojas y flores, y antes de que se me acercase ya estaba yo sintiendo molestas, y exclamé con voz enronquecida:
-¡Hombre, si es que os han llenado la calle de aligustres!
En las vías públicas malagueñas hay demasiados, pese a su escaso valor estético y a que pueden resultar perjudiciales. En un censo de 1996 salían 1.322 nada menos, y de otro árbol alergénico, el plátano de sombra, más aún: 1.782.
El primero está en el nivel 8 y el segundo en el 9 de la escala adoptada por el Departamento de Agricultura de los Estados Unidos, la Ogren Plant Allergy Scale, de Thomas Ogren, que mencioné el sábado pasado al hablar de la adelfa, puntuada con un 6 sobre 10. Ogren dice que el olor de las flores del aligustre puede causar molestias, y más aún el polen, sobre todo en personas alérgicas al del olivo, y que tanto la planta como las semillas son tóxicas.
Su pariente el olivo (ambos pertenecen a la familia Oleáceas) ostenta un 10, y un tercer familiar, el árbol del paraíso, un 9. La misma mala nota tienen los ailantos, f alsos pimenteros, calistemon, lagunarias y acocánteras (venenosa estas últimas en casi todas sus partes). Y en el nivel 10 están los cipreses, pacanos o nogales americanos, casuarinas y acacias plateadas, y esto ciñéndonos a árboles presentes en Málaga. Las conclusiones, otro sábado.
PROVOCATIVA PRIMAVERA
(23-4-2005).
Tan provocativas están las floraciones primaverales que no me dejan proseguir los artículos sobre nuestras plantas favoritas, ni sobre las especies alergénicas más frecuentes en vías urbanas, ni otro que prometí sobre algunas plantas mencionadas en El Quijote. Y hace unos días me pidieron nombres de plantas idóneas para jardincillos de chalés adosados, y mi respuesta quizás interese a muchos lectores. Todo se andará; pero nosotros andaremos de momento por Málaga, antes de que algunos impactos florales se vayan apagando.
Inevitablemente tendré que repetir algunas de las especies aromáticas aparecidas a todo color el domingo 17, en una doble página escrita por Pilar R. Quirós (que está realizando una excelente labor sobre asuntos de naturaleza, medio ambiente, etc.), tras una expedición capitaneada por el biólogo y ambientólogo David Marín y con Daniel Aparici como fotógrafo.
Hace dos sábados hablé de glicinias, limpiatubos, trompeteros, mimosas, solandras o copas de oro y árboles del amor (que generalmente van languideciendo ya), y también del curioso y extemporáneo pascuero de flores dobles de Ventura de la Vega.
Y ahora destacan esas obras de arte asiáticas llamadas bauhinias o árboles de las orquídeas que adornan con su color rosado el Puente de las Américas, más otro ejemplar ubicado al inicio del Paseo Miramar y otros menores que forman dos filas en la calle Rivas Fernández, entre Eugenio Gross y el Colegio de Gamarra.
En una perpendicular que va hasta dicho colegio, llamada José María Coopello, se puede ver otra especie de Asia poco representada en Málaga: la melia o agraz o Melia azedarach, que ofrece flores aromáticas de color azulado violáceo, y que resulta hermosa incluso cuando está desnuda y con sus dorados pendientes (los frutos) contrastando con el azul del cielo. También hay algunas buenas en Calle Cómpeta. Y más infrecuente aún es la paulonia o Paulownia tomentosa, especie china con flores azuladas cuyo aroma recuerda al de las violetas, y de la cual hay una pequeña muestra en la calle Mazarredo, bocacalle de Gálvez Ginachero muy próxima al Hospital Civil.
Y seguimos nuestro asiático periplo con un arbolillo probablemente único en Málaga, cuya pista di el verano pasado: el ejemplarito hembra de la morera de papel o Broussonetia papyrifera que se encuentra en un vértice del jardín triangular de la calle Isla Cristina (perpendicular a Federico Orellana Toledano, en Huelin). Está muy cerca de una palmera Washingtonia filifera y de un bonito grupo de aves del paraíso gigantes. Sus hojas tienen el envés tomentoso, y sus florecillas femeninas se agrupan formando una especie de cabecita con los pelos de punta teñidos de color violáceo, que chocan a la vista y son los estilos o columnillas florales. Es un buen árbol de sombra, y con la pasta de su corteza hacían papel los japoneses y los chinos.
PLANTAS DEL QUIJOTE
(14-3-2005).
Antes de que algún ilustre psiquiatra, psicólogo o pedagogo describa científicamente el SHQ o Síndrome de Hartazgo del Quijote, que detecto ya en numerosos alumnos de colegios e institutos, y en muchos adultos que hemos ido coleccionando ilusionada y compulsivamente infinidad de suplementos culturales de periódicos y revistas, artículos sueltos y nuevas ediciones rebosantes de notas al pie y de gruesos tomos complementarios, me apresuro a soltar algo más sobre las plantas en el Quijote, aparte de lo que conté sobre las adelfas otro sábado.
En un ejemplar heredado de mi padre tengo señaladas las alusiones a acebos, adelfas, alcornoques, castaños, cipreses, encinas, hayas, hiedras, lampazos, lirios, palmitos, piruétanos o perales silvestres, romeros, rosas, sauces, tejos, trigo, etc.; pero no dispongo de espacio para comentarlas, claro.
Es un tomaco lanzado en 1947 por Editorial Castilla, enriquecido con los magníficos grabados de Gustavo Doré y comentado por don Diego Clemencín (1765-1834) hasta tal punto que las dos mil páginas se las reparte con don Miguel a partes iguales, pues don Diego era un auténtico sabio en muchas de las riquísimas facetas que esta grandiosa novela ofrece, e incluso en materia de plantas.
En el capítulo 5 de la segunda parte resplandece una divertida conversación entre Sancho Panza y su mujer, que en la primera se llamaba unas veces Mari y otras Juana, y a partir de dicho capítulo se estabiliza en Teresa, y todo porque Cervantes no solía releer lo ya escrito. Ella le dice que cuando sea gobernador de una ínsula se lleve con él a su hijo para que aprenda y herede el cargo, y asegura que se lo vestirá “como un palmito”, lo cual comenta una edición muy reciente diciendo que significa “lo cargaré de vestidos”, lo cual es acertado, pero Clemencín dice:
“ Palmito, planta silvestre común en nuestras costas del Mediterráneo, cuyo cogollo está revestido de muchas pencas sumamente apretadas entre sí, y envueltas también con varios tejidos reticulares y fuertes, de manera que cuesta considerable tiempo y trabajo llegar a descubrir el cogollo; éste es dulce y se come; de las extremidades de las hojas, después de secas, se hacen las escobas de palma. La comparación es significativa y oportunísima para quien haya visto un palmito, pero dificulto que lo hubiese visto Teresa: usaría de la comparación como proverbial, y como tal la cita Covarrubias en su Tesoro de la lengua castellana”.
Efectivamente, no era probable que una mujer que no había salido de La Mancha conociese esa especie (Chamaerops humilis) propia de ciertas zonas costeras y algunas islas de la Región Mediterránea occidental, y también de una pequeña parte del litoral atlántico de la Península Ibérica, y sí que usase una expresión popular. Y es que Clemencín sabía un rato.
Y prometo no hablar más de El Quijote hasta su próximo centenario.
NACE UN NUEVO GÉNERO
(21-5-2005).
Por primera vez he asistido al alumbramiento de un nuevo género botánico, en este caso de palmeras, una de las familias más ricas, variadas y útiles del reino vegetal, que incluía antes de este acontecimiento 190 géneros con nada menos que 2.364 especies.
Lo de variadas y útiles sorprenderá a muchos, pues además de que en Occidente se piensa que las palmeras solamente sirven de adorno, en Málaga la aburrida monotonía que padecen nuestras calles y jardines debido a la sobredosis de datileras, canariensis y washingtonias hace difícil creer que existen muchas otras variadísimas, de las que mi libro titulado ‘Palmeras' incluye trescientas que mayoritariamente prosperan en la Costa del Sol.
Las indicadas cifras oficiales nos las suministró en la reunión anual de directores de la International Palm Society, recientemente celebrada en Miami, la máxima autoridad mundial en la materia; John Dransfield, del Jardín Botánico de Londres, Kew Gardens, que acaba de publicar con Govaerts un libro que constituye la lista de palmeras del mundo, y me he traído uno de los primeros ejemplares porque de ahora en adelante todos tenemos que guiarnos por ella.
Pero él y otro gran experto, Scott Zona, el principal especialista en palmeras de Fairchild Tropical Garden (fascinante parque público al que dediqué mi artículo de hace dos sábados), nos tenían reservada una sorpresa científico-humorística, pues paseando por el invernadero se pararon ante una palmerita recién llegada de Nueva Guinea (la segunda isla más grande del mundo después de Groenlandia, y riquísima en palmáceas), que les había traído locos a ellos y a otros botánicos, porque parecía pertenecer a uno de tres géneros muy presentes en dicha isla (entre ellos Ptychosperma, bellamente representado en Almuñécar) pero no veían claro a cuál.
Decidieron salir de dudas mediante el estudio filogenético, y el hoy todopoderoso ADN, que tanto se divierte causándoles preocupaciones a príncipes, toreros y demás famosos, ha dictaminado que no pertenece ni a esos géneros ni a ningún otro conocido, por lo cual se ha creado uno nuevo. Y la humorada consistía en que un par de horas después de presentar ese inventario oficial aquella nueva palmerita lo desmentía, pues ya son 191 géneros con 2.365 especies.
Pero la mejor noticia consistió en que los demás implicados en la investigación han decidido darle el nombre de Dransfieldia, en homenaje al sabio y simpático hombre de ciencia al que todos respetamos y admiramos, que aparece en la foto con su tocaya, recibiendo nuestros aplausos por su ingente labor en pro del conocimiento de estas plantas que nos regalan frutos, palmitos, miel, vinos, licores, sagú (parecido al almidón), vigas, pilares, postes, techados, muebles, aceite, tejidos, fibras, cera, marfil vegetal, medicinas, bastones, jabones, cosméticos, dentífricos, lubricantes, sombreros, cestas, cuerdas, rafia, crin vegetal y mucha belleza.
AUTÓCTONAS FAVORITAS
(28-5-2005).
Cuando arrancó por fin la hogaño remolona primavera (me encantan las palabras del estilo de hogaño, que solamente he oído a campesinos que la pronunciaban sin saber que tan aparentemente pueblerina palabra viene del latín “hoc anno”, en este año, y es que ellos han sido siempre los que mejor han conservado las joyas del idioma) las amarillas trompetas de sus heraldos fueron las floraciones de mimosas y aulagas, vocablo que ha evolucionado muy levemente desde antaño, del árabe clásico al mozárabe y hasta llegar al español de hoy.
Y cuando se asentó el calor y se apagaron esos destellos tomaron su dorado relevo las gayombas, que hasta el nombre lo tienen bonito, y también se llaman gayumbas, retamas de olor, retamas de flor y en catalán ginesta, no vaya a picarse Carod si lo omito. El nombre científico es Spartium junceum, de esparto y junco, porque sus tallos parecen juncos y con sus fibras se hacían cuerdas e hilos, como con las del esparto.
A quien ignore de qué planta hablo le bastará ir atento a los arbustos con flores intensamente áureas que vea al circular por carreteras de nuestra costa, y hasta los mismísimos bordes de la capital, pues las más bellas pinceladas de color que saltan ahora a la vista son las azul-violáceas de las jacarandas en calles y jardines y las gualdas de las gayombas en campos, cunetas y taludes.
Al verlas sobre la marcha se aprecian simplemente sus llamativos brochazos sobre el paisaje; pero al acercarse se tiene la sensación de sorprender una asamblea sindical de mariposas amarillas perfumadas para la ocasión.
Es una de mis plantas predilectas y lamento que no se use más en jardinería. No debe faltar en jardines o zonas de jardín con plantas autóctonas; pero yo no la incluí en la lista de mis cuarenta plantas favoritas para un jardín ideal costasoleño, entre las que seleccioné otras especies mediterráneas como la encina, el pino piñonero, el ciprés piramidal, el algarrobo, el árbol del amor y el romero reptante, y un lector añadió el olivo y otro la adelfa, el celindo y la violeta.
Y no la incluí porque es tóxica, y ya sé que la adelfa también, pero la defendió enardecidamente un lector y fue aceptada con esa advertencia, la misma que ahora hago respecto a la gayomba, que contiene alcaloides que desaconsejan el ingerir o mordisquear flores, tallos y hojas.
Pero, en compensación, los autores de ‘La guía de INCAFO de las plantas útiles y venenosas de la Península Ibérica y Baleares' aseguran que “Las flores secas o las hojas secas pueden actuar como afrodisíacos, proporcionando un estímulo que permanece dos o tres horas después de haberlas fumado”, lo cual transcribo dejando claro que si alguien decide correr el riesgo lo hará en el pleno ejercicio de su libre albedrío.
LAS PALMERAS, PLANTAS UTILÍSIMAS
(4-6-2005).
Algunos lectores se quedaron estupefactos al enterarse hace dos sábados de los importantes y diversos usos de las palmeras, y no me extraña, porque los occidentales de hoy solamente las ven como plantas ornamentales, y para los ajenos a zonas cálidas son exclusivamente plantas de interior.
Pero al principio de mi grueso libro titulado ‘Palmeras' se lee que “lo que para nosotros es un mero objeto de adorno, para muchos millones de habitantes de los trópicos es el alimento y la casa, la barca y la techumbre, la cesta y el sombrero, la ropa y el bastón, la cuerda, la madera, el mueble, la fibra y el papel, el aceite y el azúcar, el vino y el licor, el pienso del ganado, la rafia, la miel, el lugar donde colgar la hamaca, la cera, el fruto seco, el almidón, el marfil vegetal, el impermeable y la cerbatana, el arco y las flechas, el tinte, la sombra, el esbelto faro de las islas perdidas, la bebida refrescante... y casi todo lo demás”.
Eso es cierto hoy, pero lo ha sido más aún a lo largo de la Historia. El griego Plutarco escribió hace diecinueve siglos que “Un himno babilonio canta a los trescientos sesenta beneficios que la datilera presta a la humanidad”, el sueco Linneo, padre de la Botánica moderna, dijo hace dos y pico que “El hombre habita en los trópicos y se alimenta del fruto de la palmera. Además, sobrevive en otras partes del mundo, habiéndose adaptado a comer carne y cereales”, y los especialistas han recopilado unos ochocientos usos de la palmera del vino de la India (Borassus flabellifer) y unos mil del cocotero.
Aquí caben pocos ejemplos, y me limitaré a algunos alimenticios. El palmito no es saboreado únicamente en nuestro palmito español (Chamaerops humilis), sino también en otras cincuenta especies, algunas tan famosas como la planta emblemática de Florida (Sabal palmetto), la palmera de la isla de Robinsón Crusoe (Juania australis), o la que produce la rafia y tiene hojas con 25 metros de longitud que son las más largas del reino vegetal (Raphia regalis) .
Los frutos de la quinta especie más cultivada en nuestra costa, el coco plumoso o palmera reina (Syagrus romanzoffiana) son comestibles y ricos en aceites, y en Suramérica también comen sus palmitos y utilizan sus troncos y hojas para construir cabañas. Y los frutos de las butias, presentes también en nuestros jardines, son comestibles y con ellos se hacen licores y jaleas.
Un alimento interesante parecido al almidón es el sagú, importante fuente de hidratos de carbono, y el botánico inglés Russell Wallace decía que un hombre obtenía de una palmera en diez días de trabajo alimento para un año. Y hay muchos usos no alimenticios de los que hablaré otro día.
DON QUIJOTE Y CHARLOT
(11-6-2005).
Cerrad los ojos e imaginad a Don Quijote y a Charlot alejándose por un camino, y tanto si sois chinos, rusos o australianos como si sois malagueños (que es lo más probable) veréis al uno con su jamelgo, su lanza y su bacía de barbero, y al otro con sombrero hongo y zapatones, y haciendo animosos molinetes con su fino bastón. Son los personajes de ficción más instantáneamente reconocibles en todo el mundo mediante cualquier tosco boceto hecho con esos cuatro trazos.
Pues bien: el bastón de Charlot era de ratán, y yo quedé en seguir hablando de las muchas utilidades de las palmeras. ¿Habéis visto anuncios de muebles de bambú y ratán? Con los delgados tallos de las palmeras ratán, que son trepadoras y pertenecen mayoritariamente al género Calamus , se hacen infinidad de muebles, bastones y mangos de sombrillas o paraguas, y solamente en la península de Malaca se cosechan anualmente doce millones de tramos de tallos, y en todo el sureste de Asia es el producto forestal más importante después de la madera.
Unos doscientos cincuenta millones de asiáticos y africanos mastican habitualmente un predecesor del chicle basado en el fruto de la palma catechu (Areca catechu), llamado impropiamente nuez de betel. Y más de ochenta millones de palmeras datileras (Phoenix dactylifera) que están en plena producción dan unos dos millones de toneladas de dátiles al año, y los únicos frutos que los superan en importancia económica en las regiones tropicales y subtropicales son los cítricos, los plátanos y las piñas americanas.
El doce por ciento de la producción mundial de grasas corresponde al aceite obtenido de los frutos de la palmera de aceite africana (Elaeis guineensis) , y las cosechas van aumentando. Con él se hacen margarinas, dentífricos, cosméticos, combustibles, lubricantes, velas, jabones y grasas diversas.
Más apetecibles resultan las múltiples bebidas alcohólicas que el hombre se ha ingeniado para obtener de frutos, semillas, inflorescencias, palmitos y troncos de numerosas especies, como la datilera, la palmera de Canarias (Phoenix canariensis), la palmera del vino de Chile (Jubaea chilensis) , la de la India (Caryota urens) , etc., y sobre todo la palmira (Borassus flabellifer), sobre cuyos palmados limbos de hasta unos tres metros de ancho se escribieron muy antiguos textos hindúes, pues tal ha sido otro de los usos frecuentes de ciertas palmeras.
De sus inflorescencias se extrae, tras acrobáticos trabajos a veinte metros de altura y entre peciolos espinosos, un jugo azucarado que da origen a una bebida llamada “toddy”, de la que se obtiene otra ya alcohólica denominada “arrak”, principal atracción durante siglos de multitudinarias fiestas populares tipo botellón que culminaban en tan descomunales borracheras que las autoridades ordenaron talas masivas de palmeras en un intento, ignoro si fructífero, de restablecer la pacífica convivencia ciudadana.
BELLOS ÁRBOLES INFRECUENTES
(18-3-2005).
Las plantas que florecen cuando no tienen casi hojas, como las jacarandas, los árboles del amor o las glicinias, lucen mucho, y esto ocurre ahora con algunos braquiquitos australianos que adornan muy pocas calles malagueñas, y que agradaría encontrar más frecuentemente.
Las especies botánicas de las antípodas suelen prosperar en la Costa del Sol, a lo cual ayudan las latitudes parecidas, aunque una Norte y otra Sur. En el Parque de Málaga, por ejemplo, hay tres especies de araucarias, dos de palmeras Howea o kencias, grevilleas, braquiquitos, macadamias, cordilines, acalifas, formios, palmeras Archontophoenix, etc., y sobre todo el importante ejemplar de Ficus macrophylla que acompaña a la Oficina de Información Turística Municipal y llama la atención por sus abundantes raíces columnares.
Otro recorrido australiano se puede hacer por la calle dedicada a la novelista Montserrat Roig, que se citó nada menos que con Luis Buñuel y Simón Bolivar en una rotonda contigua al Centro Comercial Rosaleda, en la que destacan unos álamos de los más grandes de la capital; pero nosotros iniciaremos el paseo por la esquina diametralmente opuesta, donde ante un restaurante chino destaca ahora la bella floración de un Brachychiton discolor, al que llaman en su patria corteza de encaje, kurrajong blanco y stunga. Es el primero de una fila curva de cuatro, y junto a la calzada transcurre otra con B. populneus, también llamado kurrajong en su tierra y demasiado abundante en Málaga, pese a ser mucho más soso y a tener florecillas corrientitas.
Recorriendo la calle de la fallecida autora de ‘Tiempo de cerezas' y ‘La hora violeta' dejamos a nuestra espalda el árbol florido y vemos otros hermanos en ambas aceras (también los hay a pocos metros del Puente de las Américas, en Héroe Sostoa, etc.), y uno allá al fondo del largo eje visual, y de paso encontramos otros árboles del mismo género, de los cuales mis preferidos son los B. acerifolius o árboles de la llama que se adornan aquí, en las calles Córdoba y Casas de Campos, ante Carretería 67, y especialmente por Marbella, con ricos y llamativos pendientes cargados de florecillas de un rojo brillante. (En mi página web arriba indicada salen los artículos de esta serie dedicados a las antedichas especies, y unos 130 más).
Estas plantaciones resultan armoniosas y podrán serlo mucho tiempo, porque las especies elegidas no desarrollan en nuestra zona copas excesivamente grandes, y las distancias de plantación respecto a las fachadas son suficientes como para no tener que talar más adelante, y en una de las dos aceras no hay edificios sino un parque público, con lo cual esas copas podrán crecer como en su propia tierra, que es lo mejor que les puede pasar a unos árboles, ¿no?
PALMERAS Y SOMBRA
(12-11-2005).
Tomo como ejemplo la doble alineación de palmeras canarias (Phoenix canariensis) de la Alameda de Colón, en pleno centro de Málaga, para aclarar un frecuente error de concepto relativo a la rica y variadísima familia botánica de las palmáceas, que consiste en decir que no dan sombra.
Quienes lo aseguran no tienen en cuenta que, para proteger del sol una acera, hay que considerar el diámetro de copa y el intervalo de plantación, y no solamente lo primero. Y también que los árboles voluminosos dan mucha sombra, claro; pero sus ramas topan con fachadas y ventanas, y sus raíces suelen ser agresivas, problemas que no se dan con las palmeras, puesto que sus anchuras de copas se mantienen constantes y sus raíces son mucho más delgadas.
La mejor palmera para dar sombra, entre las frecuentes en nuestro país, es la que ahora nos ocupa, pues suele alcanzar diámetros entre siete y nueve metros, sobre todo si no se eliminan cada dos por tres la mitad de sus hojas verdes, maduras y sanas, que son las que suministran energía y alimento a las hojas jóvenes, el tronco, las raíces y los frutos, como quedó explicado en otros artículos. Y ese diámetro supera al de numerosos árboles callejeros.
En los tramos más densos de la Alameda de Colón hay bastantes copas con siete u ocho metros, e intervalos entre troncos de unos cinco; pero mucho más frondosas y umbrías son numerosas alineaciones que dan empaque y sombra a las entradas de fincas y jardines de diversos países, y las majestuosas de la Costa Azul, Florida o California (por ejemplo las del Elysian Park de Los Ángeles, plantadas hace 125 años), con sus verdes y densas copas totalmente esféricas, pues solo les quitan las hojas secas.
Curiosamente, en Málaga exigimos más sombra que en Cuba, donde están encantados con sus largas y hermosas avenidas de Roystonea regia o palma real cubana, en Alicante, donde pasean agradablemente por esa famosa avenida principal con datileras (pese a que dan menos sombra que las canarias), y en la Costa Azul y la Riviera, en las que jardines públicos, hoteles y avenidas ostentan orgullosamente admirables filas de palmeras de Canarias. Misterios del alma malagueña.
FICUS Y PALMERAS
(19-11-2005).
Dada la escasez de floraciones arbóreas durante los meses más frescos dedicaré algún que otro sábado a los árboles que lucen todo el año, empezando por los del género Ficus, que incluye unas 750 especies en todo el mundo y está representado en las zonas verdes públicas de Málaga capital por unas 15, e intercalando algunas palmeras, que con su follaje perenne contribuyen a la ornamentación de las ciudades incluso en invierno.
Un paseo agradable comienza en el Puente de las Américas, desde el subiremos por el bulevar del Ingeniero de la Torre Acosta, cuyo primer tramo está gratamente sombreado por Ficus microcarpa o laurel de Indias, que no tienen nada que ver con los laureles. Son hermanos de los de la Alameda Principal, el famoso de la avenida del Pintor Sorolla 57 cuya copa cruza la calzada, etc. Es una especie originaria de extensísimos territorios que van desde el sur de Asia hasta Australia.
En ambas aceras laterales hay sendas alineaciones de palmeras de abanico mejicanas, Washingtonia robusta, que paradójicamente es mucho menos robusta o macizorra que su hermana, la palmera de abanico californiana, W. filifera, que además tiene la copa más grande y densa y los limbos mayores; pero se hibridan mucho entre sí y numerosos ejemplares son bastante indefinidos.
Tras pasar ante la mezquita y la Tesorería de la Seguridad Social comienzan dos filas del australiano Ficus rubiginosa, que es uno de mis favoritos por las frecuentes compacidad y redondez de su copa, y sus decorativas hojas coriáceas con el envés afieltrado y con tonos ferruginosos (con excepciones que enseguida mencionaremos). Y ante el número 7 (antiguo 21) vemos dos pequeños gomeros o árboles del caucho o Ficus elastica variedad decora, abundantísimo en interiores, patios y terrazas.
En la plaza del Aparejador Federico Bermúdez y sus bocacalles hay bastantes especies distintas, pero hoy nos centraremos solamente en algunas. Al desembocar en ella tenemos a nuestra izquierda su isleta Suroeste, en la que destacan una magnífica palmera de Canarias (Phoenix canariensis) demasiado cerca de de un buen ciprés piramidal acompañado por otros dos menores, y un sexteto de Washingtonia de las que algunas parecen híbridas. (En otro artículo hablaré de cómo distinguir las especies que ahora solo puedo mencionar).
A nuestra derecha, en la isleta Sureste, se eleva una Araucaria heterophylla o excelsa muy bonita excepto en su parte basal, y llaman la atención una palmera Sabal y otra Brahea o Erythea (esta última más hacia la derecha), de las cuales también hablaremos.
Perpendicularmente al eje de nuestro paseo cruza la calle Martínez Maldonado, poblada también con Ficus rubiginosa, algunos de ellos de la forma australis, que tienen el envés verde.
Seguiremos en esta interesante encrucijada el sábado próximo.
DISTANCIAS A LAS FACHADAS
(26-11-2005).
El sábado pasado partimos del Puente de las Américas para recorrer el grato bulevar del Ingeniero de la Torre Acosta, y paseamos bajo dos umbrías bóvedas sucesivas, la primera formada por Ficus microcarpa o laurel de Indias o ficus de frutos pequeños, cuyas verdes hojas también son pequeñas, y la segunda por Ficus rubiginosa o ficus ferruginoso o herrumbroso, con hojas mayores, coriáceas y con el envés coloreado de forma que justifica esos apelativos.
Y llegamos a la plaza del Aparejador Federico Bermúdez, atravesada por Martínez Maldonado, que se adorna y sombrea también con numerosos Ficus rubiginosa (algunos de la forma australis, que tiene el envés verde), muy discriminados en cuanto a la proximidad a las fachadas respecto a sus hermanos del bulevar, cuya fila izquierda según subimos está a unos 25 metros de los edificios, y la derecha a unos 16, mientras que muchos de los de Martínez Maldonado están a unos 2,5 de la planta baja, y a 2 e incluso menos de los balcones y voladizos, cosa problemática para estos árboles y para los habitantes de esas casas, debido a las copas y las raíces.
Incluso arbolillos como los naranjos, plumerias, aligustres o tarajes estarían justitos a esa distancia, luego no digamos los ficus que aquí vemos, que llegan a desarrollar grandes copas, cuando se les deja.
Estos lugares resultan idóneos para que los ciudadanos comprendan la importancia de las nuevas tendencias en la gestión del arbolado urbano, que preconizan alineaciones arbóreas sostenibles, adecuadas a las anchuras de aceras y calles, para que ni choquen con las fachadas ni las ventanas, ni suman los pisos en una densa penumbra, ni requieran para evitarlo podas drásticas, sino que puedan desarrollarse con las mínimas intervenciones humanas (como recortes de puntas y podas de corrección en ramillas delgadas que estén secas, enfermas, entrecruzadas o deformadas) y los mínimos gastos del erario público, durante toda la vida probable del árbol en ambiente callejero.
Y no estoy diciendo nada raro, pues en la Ordenanza de zonas ajardinadas y arbolado viario del Ayuntamiento de Granada se lee que “ Los ejemplares se cuidarán de tal forma que alcancen todo su esplendor genético y estético, siendo por tanto determinante que dispongan de suficiente espacio aéreo y de subsuelo para este fin, que dependerá de cada especie en particular”.
Y el documento sobre los derechos del árbol del Ayuntamiento de Sevilla dice que “Este espacio ha de ser proporcional al crecimiento futuro de los árboles, por lo que se han de elegir las especies de acuerdo con el espacio disponible. Si éste no es suficiente, se habrán de hacer podas que alteren la forma natural de la especie y que con frecuencia producen deformaciones y enfermedades en las plantas”.
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