ARTÍCULOS DEL 2005 SOBRE VIAJES Y SOBRE BELLOS LIBROS DE JARDINERÍA
MAR ADENTRO HELADO
(16-4-2005).
Nuestro enviado especial a orillas del Mar Báltico, David Marín del Río, licenciado en Ciencias Biológicas y en Ciencias Ambientales, tuvo la suerte de que mis lectores y yo delegásemos funciones en él para que nos informase sobre el estado de la flora sometida a diez grados bajo cero en Estonia y Letonia, mientras nosotros estábamos ocupadísimos disfrutando del multicolor estallido floral de la primavera malagueña, y cargando con la delicada misión de dilatar nuestras aletas nasales para aspirar los aromas de aulagas y glicinias, mimosas y jazmines, madreselvas y azahares.
-¿Y qué árboles has visto por allí?
- Los de follaje caduco estaban en plena y majestuosa desnudez, resaltando sobre el blanco dominante de la nieve, con lo que el paisaje tenía un gran encanto muy especial, sobre todo para quienes estamos acostumbrados al calor y la aridez de nuestro entorno. Lo más destacado eran los kilómetros y kilómetros de densos bosques mixtos de pinos silvestres y abedules.
-¡Ah, pues tienen que hacer un contraste muy bonito!
-Sí, los pinos llaman la atención por su porte espigado, con ramas en el tercio superior solamente, y por su follaje de un verde algo azulado que contrasta con el variable color rojizo de su corteza. Y los abedules son inconfundibles incluso sin follaje, por su corteza blanquecina cruzada por vetas oscuras. También había enebros, con cuyos frutos se aromatiza la ginebra.
-Pero dices pinos silvestres no solamente en el sentido literal de la palabra, sino porque pertenecen a la especie Pinus sylvestris, ¿no?
-Sí, claro, es la dominante en muchísimos bosques desde España hasta Siberia; pero mientras en Andalucía necesitan las altitudes de Sierra Nevada y la Sierra de Baza, en Suecia, Estonia, Letonia, etc., viven bien al nivel del mar.
-¿Y aparte de esas tres especies?
-Al estar peladas todas excepto dichos pinos y enebros, y magníficos abetos, y alguna más, las siluetas más bonitas y reconocibles eran las de enormes robles dispersos por extensos campos de esos dos países sin montañas. En las ciudades reconocí grandes tilos, porque les quedaban algunas de las típicas brácteas que acompañan a sus flores, y castaños de Indias que no les iban a la zaga en tamaño, al pie de los cuales se veían sus característicos frutos espinosos.
-¿Y lo que más te ha gustado?
-Lo más impresionante fue estar paseando por un bosque, ver de pronto entre los troncos rojizos de los pinos y los plateados de los abedules lo que parecía una llanura nevada, correr hasta ella, y comprobar que era el Báltico, totalmente helado hasta allá adentro, hasta el horizonte. Asombrados, caminamos sobre él; pero sin adentrarnos porque a mediodía la temperatura estaba subiendo a cero grados o cosa así, y podía empezar el deshielo.
AMO A MIAMI
(30-4-2005).
Vuelvo entusiasmado de mi segunda estancia en Miami, con motivo esta vez de la reunión anual de directores de la International Palm Society, y he visto tantos árboles majestuosos, tal diversidad de palmeras altivas, y tan vibrante armonía de plantas menores en tecnicolor, que si fuese un gamberro habría escrito el título de este artículo no sobre el papel de SUR, sino junto a un corazón y una flecha en la corteza del árbol más inolvidable que estos reverberantes días me han regalado.
En el viaje anterior dediqué varios días a esa maravilla botánica y estética de treinta y tantas hectáreas que es Fairchild Tropical Garden, y esta vez hemos pasado en él unas horas fascinantes, pues lo he encontrado más bello todavía. Pero las reuniones de trabajo han tenido lugar en Montgomery Botanical Center, un centro de investigación en una finca de seiscientas hectáreas “hermana” de la anterior, pues ambas fueron creadas hace unos setenta años por el coronel Robert H. Montgomery, que tenía su colección privada de palmeras y otras plantas en la segunda, y abrió al público en 1938 la primera, con la colaboración de renombrados personajes de los que hablaré el próximo sábado.
Solamente con esos dos paraísos y otros jardines preciosos que vimos ya resultaría dificilísimo elegir el árbol más inolvidable; pero además yo adelanté mi llegada para pasear un día entero, y no puedo conformarme con menos de cien.
Porque he visto multitud de ficus absolutamente extraordinarios, plantados a suficiente distancia unos de otros, o de los edificios, como para poder desarrollar plenamente, hermosamente, sus aparasoladas copas y sus poderosos troncos, acompañados por múltiples raíces aéreas que van aterrizando y se convierten en más troncos serpenteantes, como en el mejor ejemplar de los jardines de Picasso, en Málaga, pero multiplicado por mucho.
Asombrosas filas de superpicassos increíbles flanquean la larguísima Old Cutler Road, que lleva a los dos importantes parques mencionados, y cada uno es como una impactante miniselva. Y un lugar más encantador y paseable lo descubrí al final de la estupenda caminata por Granada Boulevard, salpicado de chalés con atractivos jardines, cuando abordé Columbus Boulevard (dedicado a Colón), y me encontré sumergido en una catedralicia bóveda de ficus, refrescante y prodigiosa, pues basta ponerse ante el de Picasso e imaginarse ochenta parecidos en dos filas paralelas para hacerse una idea de la belleza del conjunto.
Y mientras disfrutaba de tan grato bulevar como único paseante crucé una calle y sonreí al ver que era nada menos que Málaga Street, y la siguiente Sevilla, y después la Avenida de Andalucía y el Granada Golf, y terminé el improvisado recorrido en el Alhambra Circle.
Era como estar en nuestra tierra, solo que con los árboles enteros.
UN PARAÍSO TROPICAL
(7-5-2005).
Una lluvia tropical finísima bajo la que paseé un día entero encuadrando difuminadas fotos de palmeras, árboles y paisajes envueltos en un aura casi mágica, otra jornada completa con un vendaval que propinaba brochazos vangoghianos al azul con palmas y frondas y ponía a prueba su puntería intentando atinar en mi duro sombrero de hojas de palmera con frutos de baobabs (Adansonia digitata) y de “cannonball trees” o árboles con balas de cañón (Couroupita guianensis) , cuyas leñosas esferas miden hasta unos veinte centímetros, y un tercer día soleado y tranquilo constituyen gratísimos recuerdos de mi primera visita a Fairchild Tropical Garden, hace unos años.
En esta segunda ocasión han reinado en Miami el calor y el sol, y los demás directores de la International Palm Society y yo hemos recorrido plácidamente este jardín de 33 hectáreas (como diez o doce veces el Parque de Málaga o la parte histórica de La Concepción) que contiene el más bello y rico conjunto de flora tropical y subtropical de los Estados Unidos, y fue abierto al público por su creador, el coronel Robert H. Montgomery, en 1938, el cual contó con el prestigioso arquitecto paisajista William Lyman Phillips y el famoso explorador botánico David Fairchild, que introdujo en Norteamérica dos millares de especies y variedades de plantas, frutas y hortalizas, desde dátiles y algodón de Egipto hasta cerezos y soja del Japón, pasando por trigo de Rusia, mangos de Indonesia, coliflores de Italia, etc.
El profesional puede pasar allí varios días y tener jardiorgasmos a tope viendo perspectivas bellísimas, lagos inmensos flanqueados por una flora exuberante, un exquisito invernadero llamado Ventanas a los Trópicos, un extenso e impactante palmeto con varios centenares de especies representadas por ejemplares admirables, un arboreto también muy rico con flamboyanes, baobabs, árboles de las orquídeas y un larguísimo etcétera, más una zona de manglar y muchas otras maravillas.
Y el aficionado disfrutará también con el alto valor estético de lo anterior, y admirará los abundantes, curvilíneos y dorados cocoteros abarrotados de cocos, las plateadas palmeras Bismarckia contrastando con el verdor del fondo, la pérgola de 156 metros creada por el mencionado arquitecto, destruida por sucesivos huracanes y restaurada en 1995, y que se adorna con una increíble colección de trepadoras variadísimas, y muchos otros ámbitos gratamente paladeables.
A unos y otros les conviene recorrer primero el extensísimo recinto en autobús para hacerse una idea general y ver lugares a los que se tarda mucho en llegar andando.
Fairchild Tropical Garden está en el 10.901 de la larguísima calle Old Cutler Road, que corre paralela a la costa de la Biscayne Bay o Bahía Vizcaína.
PALMERAS CON PREMIO NOBEL
(10-12-05).
El fundador y tocayo de los Premios Nobel, Alfred Ídem, murió en 1896 en Sanremo, en una mansión costera en cuyos salones el ajetreado descubridor de la dinamita y de un método para la destilación del petróleo descansaba de sus negocios, y olvidaba los fríos de su Estocolmo natal, contemplando su elegante jardín poblado por esbeltas palmeras.
Y otros muchos potentados nórdicos crearon mansiones en esa hermosa costa franco-italiana, por el aspecto tropical que le daban las palmeras. Algunas de esas casas tienen ahora usos públicos, como las dos en que nos hemos movido los asistentes a la IV Bienalle Europea delle Palme: la de don Alfredo en la inauguración oficial, y la cercana Villa Ormond para las sesiones científicas.
La primera está dedicada a actos culturales y la segunda es la sede del Centro de Estudio e Investigación sobre las Palmeras, y de las bienales, y en sus terrenos había ya en 1812 datileras, olivos y naranjos, según el catastro napoleónico. Cosa nada rara, pues en la muy cercana Bordighera está el segundo palmar natural mayor y más antiguo de Europa después del de Elche, aunque con unas 40.000 datileras en vez de unas 200.000, y desde hace unos cuatro siglos en vez de desde los fenicios.
En esos salones hablamos del 24 al 26 de noviembre numerosos especialistas, investigadores, profesionales y amantes de esta rica y variadísima familia botánica, que engloba 191 géneros y 2.365 especies de lo más variopintas.
Su distribución natural se extiende por una gigantesca pulsera que enjoya el planeta y está comprendida entre los 44 grados de latitud Norte, hasta donde llega en Francia el palmito español, Chamaerops humilis, y los 44 Sur, en una islita donde vive la palmera plumero del polvo o palmera brocha de afeitar, Rhopalostylis sapida.
Se trata de la isla Pitt, situada hacia el sureste de Nueva Zelanda, y siempre me ha resultado curioso ese capricho de las dos especies más extremas, tan empeñadas en ser antípodas, como cumpliendo la más tajante orden de alejamiento.
Pero esos límites son los de la expansión natural de la familia, pues obviamente hay palmeras introducidas por el hombre mucho más arriba y más abajo, y el señor Nobel reaparece porque las que escoltan su entrada principal pertenecen a la especie con ejemplares adultos más cerca de ambos polos: el palmito elevado chino, Trachycarpus fortunei, que prospera en Escocia a 58 grados Norte, y en Tasmania y en la isla sur de Nueva Zelanda, a unos 45 Sur.
Tan numerosísima familia es inabordable, y la bienal se centró en el género Phoenix, de cuyas trece especies son la datilera y la palmera de Canarias las más conocidas, y la palmera pigmea de Vietnam, Phoenix roebelenii, mi predilecta. (Continuará el sábado próximo).
CRECE LA AFICIÓN A LAS PALMERAS
(24-12-2005).
Quedé en comentar la IV Bienal Europea de las Palmeras, celebrada en Sanremo, y también quiero recalcar otros asuntos de interés más general.
John Dransfield, del Jardín Botánico de Londres, Kew Gardens, es la máxima autoridad mundial en materia de palmeras, y habló sobre las trece especies del género Phoenix (que incluye la palmera canaria, la datilera, P. roebelenii, P. reclinata, P. rupicola, de la cual hay un valioso ejemplar en La Concepción, y otras menos representadas en Málaga), e informó de cómo va cambiando la clasificación botánica gracias a los estudios sobre el ADN.
Scott Zona (de Fairchild Tropical Botanical Garden, en Miami) se centró en la difusión de la palmera de Canarias por el mundo, con fotos antiguas y mostrando cuánto se las valora en numerosos países como noble ornamento de destacadas avenidas. Y otra autoridad internacional, Dennis Johnson, habló de su veterana introducción en California y su gran importancia en paisajismo.
Otros especialistas hablaron de la acrobática recolección de la “palma blanca” de Elche destinada al Domingo de Ramos, de la producción en Canarias de la miel y el vino de palma, de la Reserva de la Biosfera en los oasis marroquíes, de los transplantes de grandes ejemplares, etc.
Bernabé Moya y José Plumed, de Valencia, hablaron sobre la poda correcta y otros temas de gran interés, y quien esto firma sobre las ventajas e inconvenientes del uso de palmeras en la ciudad.
Y quiero recalcar el gran crecimiento de la afición, el uso y el estudio de estas plantas en todo el mundo. En 2006 se celebrará el 50 aniversario de la International Palm Society, nacida en Estados Unidos y representada en unos 85 países, y además existen asociaciones propias de Europa, Australia, Francia, España, etc. Sus miembros disfrutan de la afición, estudian, investigan, crean colecciones públicas o particulares o viveros, etc.
Y Sanremo, pequeña ciudad turística, bella y acogedora, ha prestigiado en solo seis años esta Bienal, y creado un Centro de Estudio e Investigación sobre las Palmeras en una mansión antigua magníficamente ajardinada y muy próxima a la del creador de los Premios Nobel, del que hablé hace dos sábados porque la Bienal se inauguró en su casa. Y ha preparado un excelente equipo de podadores municipales que trepan con la “bicicleta” y no con pinchos. Y le está sacando el jugo turístico a su flora tropical y subtropical, y todo ello gracias al entusiasmo y al empuje de Claudio Littardi, presidente de dicho Centro.
En España también están incrementándose notoriamente la afición y el interés, y hablaré de ello el sábado próximo. Hasta entonces, ¡muchas felicidades!
JARDINES SOBRE EL AGUA
(3-12-05).
Si no me llega a avisar Javier Bootello habría estado paseando por un largo y agradable parque lleno de pinos piñoneros, palmeras, fuentes, estatuas, pérgolas, zonas con plantas autóctonas, estanques y praderas, sin saber que en realidad estaba caminando sobre las aguas, cual si de un nuevo milagro se tratase.
Le comenté a tan excelente y superinformado técnico municipal que iba a Niza y Sanremo, para dar una conferencia en la IV Bienal Europea de las Palmeras (acontecimiento científico del que hablaré el sábado próximo), y me suministró amablemente material gráfico sobre las sinuosas y amplias zonas verdes que se plantaron hace años sobre el recubrimiento embovedado del río Paillon. Otras veces había paseado yo por allí, pero sin tener ni idea de lo que había debajo.
El vegetal despliegue comienza en ese cogollo cultural donde se reúnen para hablar de sus cosas el Museo de Arte Moderno, el de Historia Natural y la Biblioteca Nacional, inconfundible porque su enorme y cúbico cerebro hormigonáceo-cristalino, que alberga los infinitos y callados pero locuaces libros, se asienta sobre la mitad inferior de una gigantesca cabeza y unos pacientes hombros que emergen del suelo de la plaza.
Y esa zona verde termina en la playa, desde cuya arena conviene ver el extremo abierto del embovedado, para apreciar su gruesa placa de hormigón asentada sobre airosos arcos, cuyos fortísimos pilares supongo análogos a los que soportan el suelo del parque durante todo su itinerario. Desde la plaza ajardinada que hay junto al mar se puede seguir por la famosísima Promenade des Anglais, largo y elegante paseo marítimo que con sus palmeras ha atraído y atrae a numerosos visitantes nórdicos.
Un malagueño que disfrute de todo esto no puede por menos de mirar después a nuestro soso Guadalmedina con bastante pena.
Toda esta zona franco-italiana de la Costa Azul y la Riviera, desde Hyéres les Palmiers hasta Sanremo, me gusta mucho porque no solamente es hermosa y rica en especies ornamentales de todo tipo, sino que además está poblada por seres inteligentes, que se dieron cuenta hace más de siglo y medio del fascinante atractivo turístico que sobre los nórdicos ejercen las palmeras, que en fotos de Hyéres y de Niza de hace cien años aparecen ya muy grandes.
Claro que ellos, con el acicate de sus temperaturas mínimas inferiores a las de Málaga, se han espabilado desde siempre por diversificar las especies presentes en vías públicas mucho más que aquí, que seguimos con una aplastante mayoría de las dos Washingtonia (filifera y robusta) y las dos principales Phoenix (dactylifera y canariensis), y de propina se está pensando en plantar en el muelle 2, donde ahora está el silo, nada menos que 650 datileras y 45 Washingtonia robusta, por si tuviésemos pocas.
JARDINES SECRETOS DE ESPAÑA
(6-8-2005).
En estos sábados de calor y vacaciones alternaré algunos artículos sobre cómo crear o reformar un jardín para que beba poca agua con otros recomendando ciertos bellos e interesantes libros, dignos de ser paladeados con calma mientras bebemos algo bien fresquito y con la proporción de agua que cada cual decida.
Hace treinta y tantos años compré y devoré glotonamente aquel importante y hermoso librote titulado ‘Jardines de España', de la Marquesa de Casa Valdés, que me sensibilizó e instruyó respecto a los ricos y variados jardines histórico-artísticos de nuestra tierra, al igual que a otros muchos profesionales y aficionados. Durante los últimos años he disfrutado con algunos reportajes firmados Bojstad/Mencos y relativos a jardines de hoy. Y hace unos meses he tenido el gusto de conocer a Anneli Bojstad, autora de los textos, y a Eduardo Mencos, de las fotos.
Y resulta que Eduardo, paisajista, diseñador y fotógrafo, es nieto de la meritoria marquesa recién mencionada, que sembró en él cuando era un chaval un amor a los jardines que, además de plasmarse en los que diseña, construye, planta y fotografía, acaba de fructificar en un suculento libro titulado ‘Jardines secretos de España', publicado por Blume en 2004 y editado poco antes en Inglaterra.
Inmediatamente, hemos puesto en práctica aquella antigua costumbre campesina que me encanta (yo te doy esta gallina y tú me das esas cebollas), dándole yo mi reciente y ya casi agotado libro sobre ‘Palmeras' y haciéndome partícipe él de sus 31 jardines secretos.
El libro es una gozada, pues nos otorga el privilegio de entrar en jardines de casi toda la geografía española (a Andalucía le corresponden ocho) en los cuales, con pocas excepciones, solamente entran los amigos de los dueños. De ahí eso de “jardines secretos” que tanto morbo le da al libro, ya desde su portada.
“Cada uno de los propietarios” (se lee en la introducción) “me ha conducido a su pequeño Edén, y ha compartido conmigo un momento lleno de encanto. Me haría muy feliz si a través de este libro fuese capaz de compartir la vivencia y la magia que sentí en cada uno de esos jardines”. Lo ha conseguido plenamente.
ÁRBOLES SINGULARES DE MÁLAGA
(13-8-2005).
El sábado pasado recomendé el bello libro titulado ‘Jardines secretos de España', de Eduardo Mencos, y hoy sobrevolaremos nuestra provincia gracias a la interesante y utilísima guía de ‘Árboles y arboledas singulares de Andalucía – Málaga', editada por la Consejería de Medio Ambiente de la Junta de Andalucía.
Un aguerrido equipo de autores que enseguida enumeraré ha añadido a sus propios conocimientos y descubrimientos los “soplos” recibidos a lo largo de una gran campaña realizada con el lema “Encuentra tus raíces”.
La selección incluye árboles que destacan entre “los ejemplares de su misma especie, bien sea por adoptar una forma poco habitual, tener una avanzada edad, poseer dimensiones excepcionales, adquirir un alto valor paisajístico, localizarse en lugares poco frecuentes para su especie, por su historia o tradiciones populares, o sencillamente por su rareza”. Se exigían unas medidas mínimas, y se prefería que fuesen autóctonos o naturalizados y que no se hallasen en terrenos urbanos. (Por tanto, no entran los numerosos árboles notables de la capital que pueden verse en mi página web arriba indicada).
El libro incluye 60 árboles y 17 arboledas; pero se pueden efectuar más propuestas a arbolesingulares.cma@juntadeandalucia.es .
He reencontrado con gran placer a alagunos antiguos amigos, como el castaño santo de Istán, el pinsapo de las Escaleretas de Parauta, la encina del Vallecillo también en Parauta, o el Ombú de Jotrón (Parque Natural Montes de Málaga). Y me han asombrado las fotos de alcornoques como los de El Berrueco, El Palero y La Vereda (Parque Natural de los Alcornocales, en Cortes de La Frontera), el algarrobo de Casas Viejas (término municipal de Málaga) y los del Cortijo Zarate de Alcaucín, la encina de La Alberca en Ronda, el fresno del cerro de Santopitar también en Málaga, etc. ¡Y las de varias arboledas singulares que son una gozada!
Y no menciono más árboles porque ellos tienen mérito, pero también, y mucho, los autores, de los que conozco personalmente a Antonio Pulido, un gran experto, y los demás también demuestran que los son y se llaman Antonio Sánchez, María Navarro, Inmaculada Márquez, Luis Benavente y el fotógrafo Guillermo Mendo.
Con este libro en la mano se pueden hacer excursiones fantásticas. ¡A pasarlo bien!
BOSQUES DE NOVELA
(20-8-2005).
A los amantes de los árboles y los bosques les pueden apetecer no solamente los buenos libros sobre árboles monumentales de Málaga, España y el mundo que estoy recomendando estos sábados veraniegos, sino también ciertas novelas cuyos autores han logrado que vivamos intensamente el interior de las selvas tropicales o los bosques nórdicos.
Las que perduran más gratamente en mi memoria son ‘Los pasos perdidos' de Alejo Carpentier, ‘Canaima' de Rómulo Gallegos y ‘Pan' de Knut Hamsun, tres maestros para siempre, y no meros artífices del ‘best-seller' del verano ni de flores de un día.
Que yo sepa, el único presidente de gobierno que ha sido a la vez un buen novelista es el venezolano Rómulo Gallegos, autor también de otra importante novela, ‘Doña Bárbara'. El cubano Carpentier fue agregado cultural en París, y atesora obras tan magníficas como ‘El siglo de las luces', ‘El recurso del método' o ‘El reino de este mundo'. Y el noruego Hamsun se hizo famoso sobre todo con ‘Pan' y ‘Hambre', e impactó mucho a la juventud durante la gran eclosión del ecologismo y del movimiento “hippy” de retorno a la naturaleza, ya que muchos de sus bohemios protagonistas vagabundeaban por campos y bosques descritos magistralmente.
Los que no han leído ‘Pan' dan por sentado que trata del de comer; pero alude a Pan, el dios de los bosques, porque el atormentado y sorprendente protagonista goza muchísimo con una naturaleza plasmada en bellísimos pasajes que nos hacen respirarla y admirarla igual que él.
Volando hasta las selvas húmedas tropicales nos sumergimos con el audaz protagonista de ‘Canaima' (prendado de un atractivo personaje de mujer, muy distinta de la interesantísima y complicada Eduarda de ‘Pan') en el corazón de la selva, donde contemplamos la tremenda vida de los caucheros, sacándoles su valiosa savia a los árboles del caucho con ímprobos esfuerzos y sacrificios. Y asistimos a algunas escenas en las que experimentamos totalmente la sensación de estar allí con él, sumidos en las oscuras, catedralicias y palpitantes entrañas de la selva inacabable.
Pero mi predilecta es ‘Los pasos perdidos', porque con su protagonista resulta más fácil identificarse, pues se trata de un refinado musicólogo que trabaja en un museo de San Francisco y está encantado con la vida cultural, moderna y llena de estímulos de la gran ciudad; pero que al zambullirse en cierta selva hispanoamericana buscando instrumentos musicales indígenas para dicho museo, queda fascinado también con ese exultante mundo de la naturaleza libre y grandiosa, primitiva y eterna. Dos mundos opuestos, simbolizados por dos mujeres, y un hombre que va dando sus pasos perdidos hasta llegar a un final impresionante. Que aproveche.
ÁRBOLES SINGULARES DE ESPAÑA
(27-8-05).
El sábado pasado adelanté una foto de un árbol retorcido, convulso, atormentado, para intrigar a los lectores, y hoy reproduzco la portada entera del estupendo libro ‘Árboles singulares de España' (Grupo Mundi-Prensa, 2004), cuyos 30 autores y 18 fotógrafos no puedo enumerar, pues me faltaría sitio para hablar de algunos de los 63 colosos vegetales por ellos escogidos.
Pasearse por tan mágico bosque es un placer, pues las bellas y grandes fotos y las a menudo asombrosas medidas de alturas, perímetros de troncos y diámetros de copas (que desprecian olímpicamente ese supuesto ideal de 90-60-90, tan ridículo) hacen que el libro se recorra lanzando exclamaciones y comentando detalles con algún otro vicioso que se encuentre a nuestro alcance:
-¡Fíjate! ¡El árbol más alto de los seleccionados mide 75 metros, como un edificio con unos 30 pisos!
-¡Qué bárbaro! ¿Y cuál es! ¿Una secuoya quizás?
-No. Secuoyas hay una de 40 metros en Vitoria y otra de 37 en Pamplona, pero se trata de un eucalipto de Viveiro (Lugo) llamado El Abuelo de Chavín.
...-Pues voy a llenar el depósito y tú prepara bocadillos, ¿vale?
Otro eucalipto de Foz, también en Lugo, es el propietario del tronco con la base más grande, que tiene un diámetro de aproximadamente 5 metros (y 49 de altura), y le sigue un Ficus elastica del Parterre de Valencia con unos 4 (y 20 de alto), que además ostenta el récord de diámetro de copa con 37. La segunda copa es la de la e ncina de las mil ovejas, en Almodóvar del Campo (Ciudad Real) con 33.
. Y la intrigante foto de portada pertenece a una sabina del Sabinar de La Dehesa, en el Parque Natural de La Frontera (Tenerife).
De Málaga salen el alcornoque de El Palero en Cortes de la Frontera y el pinsapo del candelabro en Yunquera.
En definitiva: ¡Un libro imprescindible para la supervivencia!
ÁRBOLES EXCEPCIONALES DEL MUNDO
(3-9-2005).
Tras haber recomendado en sábados anteriores sendos libros buenísimos sobre los ‘Árboles singulares de Andalucía – Málaga' y los ‘Árboles singulares de España', ofrezco como suculento y exquisito postre otro titulado ‘Árboles excepcionales del mundo', que convertirá en un gran aficionado a cualquiera que no lo sea todavía.
El origen de este regalazo de papel es curioso, pues su autor, Thomas Pakenham, que lo publicó en Inglaterra en 2002 y al que Blume se lo editó en España en 2003 y 2004, había sacado antes a la luz otro titulado ‘Meetings with remarkables trees', referido solo al Reino Unido e Irlanda, para el cual seleccionó únicamente árboles con “una acusada personalidad, tanta que mi esposa, que no se puede decir que sea precisamente una fanática de los árboles, no pudiera evitar soltar una exclamación de admiración al verlos”.
Y el éxito del libro hizo que los editores le “ofrecieron la posibilidad de recorrer el mundo a mi aire. ¿Quién habría desaprovechado semejante oportunidad? He pasado cuatro años vagando de un lado a otro en busca de árboles con un porte noble y una fuerte personalidad”.
Y encontró un baobab hueco que albergó un bar donde cabían quince mineros durante la fiebre del oro, y otro que sirvió de calabozo, cuya foto estremece, y rindió pleitesía a árboles tan antiguos y tan mundialmente famosos como las gigantescas secuoyas californianas o el mejicano árbol del Tule o Taxodium mucronatum, destronados como máximos matusalenes cuando Schulman contó en las White Mountains, también de California, los anillos de los pinos longevos (Pinus longaeva), uno de los cuales ostenta realmente el récord: unos 4.600 años. Pero muchos otros son poco conocidos incluso para los arboladictos más enganchados.
Y me gustaría seguir pero ya no caben más que tres palabras que dedico a decir: ¡Rápido, a disfrutarlo!
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