El falso pimentero

 

 

El falso pimentero

Latín: Schinus molle

Familia: Anacardiáceas

Origen: S de Méjico a N de Chile

 

Si quiere prestigiarse ante un niño, olvídese de las recomendaciones del psicólogo y limítese a hacer pedacitos unas hojillas de falso pimentero. Con gestos de mago, déjelos sobre la superficie del agua de una palangana y pronuncie entre dientes unas palabras ininteligibles (tomadas al azar del BOE, por ejemplo), para que él se asombre al ver que se mueven solos, lo cual le llenará de admiración hacia usted. Las hojas miden más o menos hasta un palmo, y están compuestas por pequeños foliolos (a los que he llamado hojillas) verdes y lustrosos, que huelen bien cuando se los machaca entre los dedos, al igual que ocurre con los frutitos, que parecen granos de pimienta; pero pueden resultar tóxicos si se comen. A esta especie la trajeron del Perú, donde los indígenas precolombinos embalsamaban a los reyes con su resina, y preparaban con sus frutos una bebida con la que pillaban unas borracheras fastuosas. (Supongo que los disolvían mucho, ya que no sufrían más intoxicación que la etílica). Si el lector está impaciente por probar lo de la palangana o esto último, deberá abastecerse en el llamado Carril de La Pimienta, en El Palo (oficialmente Calle Marcos Zapata), o junto a la entrada principal del Puerto, o en tres ejemplares grandes que hay junto al 96 de San Juan Bosco. Por cierto: los foliolos nadan mediante propulsión a chorro, gracias a que expelen ciertas sustancias químicas. Pero no olvide decir las palabras.

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