OMBÚES

Y OMBÚAS

 

POLÍTICAMENTE CORRECTAS

 

Dibujo del arquitecto y pintor Ignacio Dorao Orduña.

 

Latín: Phytolacca dioica

Familia: Fitolacáceas

Origen: Perú, Argentina, etc.

 

El sábado pasado destaqué la importancia de los escasos ejemplares notorios de esta especie que tenemos en España en general y en Málaga en particular. El único extraordinario de nuestra provincia, el ombú de Jotrón, se halla en el Parque Natural de los Montes de Málaga, y en la capital solo destacan los cinco situados frente a la fachada principal del Edificio Múltiple y junto a la esquina Suroeste del Parque de Picasso, el de la esquina de la Avenida Juan XXIII y la Avenida de José Ortega y Gasset, y el de la esquina Sureste del recinto tapiado de la antigua Tabacalera, donde arranca de la Calle Pacífico la de Carlos Rein.

Estos dos últimos son magníficos, pero sus llamativas bases, típicas de esta curiosa especie, están ocultas por sendas tapias, por lo que propuse que se sustituyan por rejas en los metros precisos y se señalicen como árboles notables.

El ombú tiene follaje semipersistente, y llama la atención por su grueso tronco, a menudo ramificado desde muy abajo y ensanchado en su base, donde, andando el tiempo, el cuello y las raíces principales (también gruesas) van formando una especie de chocante y ondulante plataforma de madera como con piel de elefante o dinosaurio.

Es especie dioica, es decir, que hay ejemplares masculinos y otros femeninos, y por eso he titulado de broma este artículo ombúes y ombúas, lo mismo que podríamos decir datileras y datileros, araucarias y araucarios, etc., pues esto que suena a guasa sería entusiásticamente aprobado por esos partidarios de lo políticamente correcto (por ignorar o menospreciar lo gramaticalmente establecido desde hace siglos en nuestro idioma) que dicen ciudadanos y ciudadanas y cosas así, y deberían decir también poeto, astronauto, internauto, estratego, policío y patochadas semejantes.

Es mejor no plantar pies femeninos, y no por machismo, sino porque resultan molestos cuando caen al suelo sus frutos, que ensucian mucho y resultan desagradables de pisar.

También están en flor las escasas catalpas malagueñas, de las que hablaremos el próximo sábado.

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