LAS COSAS DEL ABUELO Premio Lazarillo del Ministerio de Cultura, 1981 Ilustraciones: Jose Antonio Alcázar Iberlucea. Primera edición: Noguer. Barcelona, 1982 Colección: Mundo Mágico. Edad: a partir de 8 años. Temas: Educación, libertad, utilitarismo, ecología, vida monótona.
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Este cuento ha venido a demostrar que, pese a todos los indicios, la imaginación no ha muerto en el mundo.
Las cosas del abuelo obtuvo el Premio Lazarillo 1981. En este libro Cañizo nos cuenta dos historias. En la primera de ellas, Juli y Trompo van a la residencia a ver a su abuelo Nicomedes. Una vez más, Cañizo nos sorprende en este relato con su enorme fantasía e imaginación: la máquina de maullar, la caza de bostezos, la historia de la botella tragalotodo y, por si esto fuera poco, la avería que se produce en la ley de la gravedad. La segunda historia es de ciencia-ficción. PP-13 no es un robot como los demás: además de ser despistado, es el único robot en toda la ciudad que sabe contar chistes, hacer poesías y que ama la libertad. Por todo ello, su vida se verá envuelta en peligro, amenazada por una educación que masifica, que no respeta la libertad, que ahoga a la persona.
Las cosas del abuelo ganó el Premio Lazarillo del Ministerio de Cultura en 1981. Es un libro fantástico, más aún, super-fantástico; sin embargo, el prólogo de Miguel Delibes demuestra que no se trata de un puro divertimento. El texto constituye una perfecta y delicada conjunción de humor, imaginación y poesía, conseguida con sólo tres personajes: el anciano Nicomedes y sus nietos Trompo y Juli. Los dos hermanos, a través de las disparatadas y divertidas aventuras que corren con su abuelo, descubren un mundo maravilloso donde todo es posible, dejándonos entrever el problema del abandono de los ancianos. En las obras de Cañizo, la tercera generación tiene una gran relevancia. Abuelas y abuelos aparecen en sus libros retratados con gran cariño y respeto. En este caso, se trata de un viejo ingenioso, con gran capacidad de invención, "medio chalado", con el que era imposible aburrirse porque en lugar de atrofiársele la mente, se le había desarrollado de una forma inesperada. Con gran originalidad, José Antonio refleja la tremenda soledad que sufren muchos de los que pertenecen a la tercera edad, un sentimiento profundo, doloroso y triste que adereza con fantasía y humor. A esta narración la acompaña otra breve historia, un canto de libertad que como Las cosas del abuelo , resulta muy divertida pero melancólica a la vez: El robot despistado . Un cuento que rivaliza con el primero en gracia y capacidad de sugerencia, proporcionando al lector un profundo mensaje. Una visión muy original de la ciencia-ficción donde podemos encontrar robots dotados de unas perfecciones que sólo la mente humana posee, llegando incluso a ser capaces de lo que en una civilización supermecanizada es considerado un horrible crimen: el descubrimiento del amor, la belleza y la poesía.
Si Las cosas del abuelo habla de un acompañante más cercano y tan o más creativo que una institutriz inglesa como Mary Poppins, a Isaac Asimov difícilmente se le ocurriría un ejemplar como el entrañable robot despistado PP-13.
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